No sólo la cotización del dólar libre “se despertó” el mes pasado. En la aceleración de todos los precios, también el dólar oficial mantuvo un ritmo que, al menos por primera vez en los últimos dos años, avanzó más veloz que la inflación.

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El próximo jueves 15 se conocerá el avance de los precios al consumidor del mes pasado, con la expectativa oficial de que el índice se ubique en torno a 5,5 por ciento. A raíz de una desaceleración en el precio de los alimentos -influida en gran medida por la estabilidad en el precio de la carne-, las consultoras privadas que hacen sus propios relevamientos coinciden en que la proyección que manejan en el Ministerio de Economía puede confirmarse, aun cuando muchas de ellas estiman una cifra algo mayor circunscripta a la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense.

En paralelo, el tipo de cambió oficial promedió el mes pasado una suba de 6,6%, más de un punto por encima de la inflación si se cumple la previsión oficial. Pero incluso si eso no se cumple a rajatabla y la tasa de inflación se ubica unas décimas por encima, se trataría de todos modos de la mayor diferencia entre ambas variaciones de los últimos meses.

La aceleración del tipo de cambio oficial no es un dato nuevo. Por el contrario, desde principios de año cuando se avanzó en las negociaciones con el Fondo Monetario, el Banco Central imprimió mayor velocidad al avance de la cotización. Sin embargo, alimentados por la fuerte emisión monetaria y las tasas negativas durante meses, los precios de la economía no dieron tregua y el dólar quedó mes a mes rezagado. Así, mientras la inflación acumulada se ubica por encima de 80%, la suba del dólar fue de 63% a noviembre. El tipo de cambio real acumula un atraso de 11% desde enero y de 27% desde que asumió el actual Gobierno.

La sequía tendrá un fuerte impacto negativo en el ingreso de divisas por la menor cosecha de trigo. 
La sequía tendrá un fuerte impacto negativo en el ingreso de divisas por la menor cosecha de trigo.

La agónica situación de las reservas del Banco Central hizo que, desde que asumió Sergio Massa al frente del Palacio de Hacienda, se apuntara a corregir gradualmente ese rezago y ambas variables convergieron en 6,3% en octubre. El punto es uno de los ejes clave en la negociación con el FMI, que mantiene metas de acumulación de reservas difíciles de alcanzar. Aun cuando esos objetivos se redujeron en USD 1.000 millones, de USD 5.800 millones a USD 4.800 millones para fin de año, la meta a marzo de 2023 luce más que desafiante. Para esa fecha, la exigencia es un nivel de reservas netas de al menos USD 5.500 millones.

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Interlocutores de Massa en el sector exportador confían, todavía, en que el dólar soja aportará un volumen de al menos USD 4.000 millones pero advierten: “La acumulación de reservas dependerá, en todo caso, de cuánto dejen enfriar la economía”.

De ahí que una de las principales misiones del equipo enviados a Washington a negociar con el Fondo, con el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, y el jefe de asesores, Leonardo Madcur, a la cabeza radica precisamente en lograr una nueva flexibilización de esos objetivos.

En ese sentido, lo concreto es que las chances de éxito aumentan si logran convencer a los técnicos del organismo que al menos se intentó evitar un mayor atraso cambiario. En otras palabras, el FMI puede ser más tolerante a un desvío en el cumplimiento de las reservas siempre y cuando el mismo no sea producto de un “dólar regalado”.

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