TREGUA ENTRE NACION Y CABA

La relación entre el presidente Alberto Fernández y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta arrancó con vocación de diálogo de ambas partes y llamados a “trabajar en forma coordinada”.

Sin embargo, el alcalde porteño es el único referente del macrismo que quedó en pie, controla uno de los distritos más ricos del país y todavía goza de buena imagen gracias a la gestión local.

Los planes presidenciales de Rodríguez Larreta no son un secreto para nadie, pero desde su equipo aspiran a mantener una relación cordial con la Nación por lo menos hasta las elecciones legislativas de 2021. Además, estratégicamente calculan que lo mejor es no levantar la cabeza antes de tiempo para evitar un desgaste innecesario de su figura.

Esta postura no confrontativa quedó en evidencia a las pocas semanas de la victoria presidencial del Frente de Todos. El jefe de Gobierno y su vice, Diego Santilli, se reunieron con Fernández en sus oficinas de Puerto Madero días antes de la asunción. Allí acordaron remover las rejas de la Plaza de Mayo y adelantaron que buscarán “superar la grieta” para poder coordinar en proyectos de obra pública y seguridad.

No obstante, a pesar de las buenas intenciones declaradas el Presidente tiene un interés especial por la ciudad de Buenos Aires: allí nació y también inició su militancia política. Incluso mientras dirigía la campaña nacional intervino personalmente para ungir como candidato porteño del Frente de Todos al extrapartidario Matías Lammens. Su estrategia rindió frutos y el peronismo unido superó su techo histórico. Luego, gracias a la buena relación que entablaron y con el objetivo de que no pierda centralidad política, le ofreció el ministerio de Deportes y Turismo.

Alberto Fernández junto a sus amigos del peronismo porteño: Carlos Montero, Claudio Ferreño, Jorge Argüello, Guillermo Oliveri, Alberto Iribarne, Julio Vitobello, Eduardo Valdés, Miguel Pesce y Raúl Garré

Alberto Fernández junto a sus amigos del peronismo porteño: Carlos Montero, Claudio Ferreño, Jorge Argüello, Guillermo Oliveri, Alberto Iribarne, Julio Vitobello, Eduardo Valdés, Miguel Pesce y Raúl Garré

Mientras tanto, Rodríguez Larreta mira con cuidado el avance del peronismo en una ciudad que siempre le fue esquiva pero se concentra en la gestión. El macrismo lleva 12 años ininterrumpidos al frente del gobierno y la próxima administración será clave para el proyecto presidencial del actual alcalde.

Uno de los puntos de mayor fricción será la asignación de recursos que la ciudad recibe por parte de la Nación. Especialmente si se tiene en cuenta que las grandes obras de infraestructura fueron el sello del primer gobierno de Rodríguez Larreta. De hecho, la vicepresidenta Cristina Kirchner ya mencionó el tema en dos oportunidades y se quejó por el carácter inequitativo del reparto.

“Con 202 kilómetros cuadrados la ciudad de Buenos Aires va a tener un presupuesto de $497 mil millones para 2.200.000 habitantes. La Matanza, con 2.400.000 personas y 325 kilómetros cuadrados, este año ejecutó $10 mil millones”, explicó a mediados de diciembre durante el acto de asunción de Jorge Ferraresi en Avellaneda.

Fuentes cercanas al Presidente adelantaron que la “tregua” política continuará en el mejor de los casos hasta las elecciones de medio término de 2021, aunque la dinámica política podría adelantar los tiempos.

Diego Santilli y Horacio Rodríguez Larreta (Maximiliano Luna)

Diego Santilli y Horacio Rodríguez Larreta (Maximiliano Luna)

Alberto Fernández ya se reunió con el bloque del Frente de Todos en la Legislatura y les pidió mantener “una línea claramente opositora, pero con vocación de dialogar para así poder resolver los problemas de los porteños”.

“Ganar dentro de cuatro años es un objetivo que ya está planteado. Vamos a dar mucha discusión en cada política pública y desde Nación nos dijeron que no íbamos a estar por nuestro lado y ellos por el suyo: la idea es poder articular y tener un actitud proactiva”, explicó a Infobae una de las referentes del bloque de Todos.

La Legislatura será otras de las arenas de conflicto, donde el larretismo seguirá teniendo mayoría pero no podrá alcanzar los dos tercios necesarios para proyectos especiales, como las ventas de tierras -una de las herramientas que más utilizó para financiar los proyectos de obra pública- o las rezonificaciones para la construcción. “No se va a vender un terreno más”, avisó el camporista Mariano Recalde en una de las últimas sesiones del año.