El canciller Héctor Timerman trató de usar el charme en su debut en el Parlamento británico. Antes de exponer sobre Malvinas en el Comité 20, decidió agradecer a los británicos su sacrificio por la libertad en la Segunda Guerra Mundial.

«La libertad que tenemos es parte del sacrificio que ustedes hicieron», dijo en referencia al conflicto que marcó el siglo XX. Un agradecimiento que aseveró que piensa transmitir a sus hijos, como el ex canciller Nicanor Costa Méndez cada vez que encontraba a los británicos no dejaba de mencionar a Winston Churchill y su visita de turista al bunker desde donde dirigió la guerra.

Después, solo hubo diferencias de puntos de vista con respecto a las Malvinas. Y los legisladores mostraron la tradicional flema británica para sostener que el permanente planteo argentino sobre las islas impide avanzar en una relación bilateral anglo-argentina.

Timernan no dijo a los parlamentarios que en 20 años las islas estarían en manos argentinas, como anunció en la entrevista conjunta con de The Guardian y The Independent. Pero acusó a Gran Bretaña de ser un país colonialista, un cargo que incomodó a los británicos.

El argentino ofreció «el diálogo lo mas rápido posible, porque la Argentina está lista a un diálogo ahora», sin los isleños y tras aclarar que no había por qué tener las mismas ideas.

El primer diputado interviniente -apurado porque tenía que partir al ríspido debate sobre la legislación del matrimonio gay tras escuchar la advertencia de Timerman de que «el Puente de Londres no caerá» después de la votación- insistió en que debían incluir a los isleños porque era parte de la democracia.

Cuando el canciller argentino comenzó a hablar de «los intereses» y no «los deseos» de los isleños por ser una población implantada, los diputados británicos se enfurecieron diplomáticamente, le dijeron que no había nada que negociar sobre el caso y que esa era la conclusión general de la Cámara de los Comunes.

Era tanta la pasión argentina de Timerman y el temor a un desborde que un diputado de Irlanda del Norte decidió calmar las aguas y preguntar sobre las sanciones del FMI. «Nosotros no queremos escuchar al FMI ni que otro país quiera escucharlos», sintetizó el ministro argentino.

Diputados y lores se apiñaban en la sala del Comité 20, adonde inusualmente habían llegado los periodistas del lobby parlamentario británico y los fotógrafos. Robin Walkher, el líder del grupo argentino-británico, debió recalcar que era un encuentro y no una conferencia de prensa.

Lord Risby alabó la Argentina, un país al que adora y visita regularmente. «Honestamente, creo que podemos hacer juntos muchas cosas si dejan de hablar de esas islas en el Atlántico», le recomendó al canciller argentino.

Cuando Timerman aludió al doble estándar británico de condenar los colonos en Israel y no hacer frente a sus «colonos en las islas», la furia británica llegó al paroxismo, estilo inglés. Lo consideraron una «ofensa» y se lo dijeron públicamente.

La hora del inusual debate finalizó con diplomacia, para alivio de los británicos, que no están acostumbrados a las emociones desbordadas sino que son maestros en disimularlas. Robin Walker trató de sintetizar salomónicamente: para unos y otros, debe haber diálogo.

Fuente: Clarìn