La directora, que pegó el gran salto con “Perdidos en Tokio”, retrocede con esta historia, por momentos insulsa, y en otros vacua, cuyo tema roza aspectos de su vida. Pero el film ganó el último Festival de Venecia.

Una brújula para Sofia Coppola. Urgente. ¿Hacia dónde va, o desea ir, la cineasta? Potenciar lo instrascendente, como en “Perdidos en Tokio”, no siempre logra resultados. Por momentos, “Somewhere”, que se estrena hoy, parece querer deshacerse del espectador, lo invita a irse.

¿De qué se está hablando?, dirá algún lector disgustado y con justa razón. Claro, “Somewhere” ganó el León de Oro en el último Festival de Venecia, presidido por Quentin Tarantino. ¿Entonces? Silenzio stampa. No hay explicación.

“A mi padre le mostré la película cuando estaba terminada, porque yo ya tenía una idea muy clara de cómo quería hacer el film y no necesitaba demasiadas opiniones”. Sofia Coppola, algo omnipotente, se refiere a su cuarto film, “Somewhere”. Quizás la mirada y el consejo de Francis Ford hubiese sido de utilidad, sobre todo tratándose de un avezado cineasta con un pasado tan respetable. Pasado, se enfatiza, porque su presente es “Tetro”, que hizo en Argentina y, al parecer nunca se verá por… ¿impresentable? Pero Sofia no acudió a él más que para pedirle que fuera el productor ejecutivo y aporte unos cuantos miles de dólares.

Como en “Perdidos en Tokio”, su mejor trabajo, otra vez posa su cámara en ese tipo de personajes, devenidas celebridades en pleno tobogán, que arrastran su humanidad por hoteles glamorosos. El no muy reconocido Stephen Dorff encarna a Johnny Marco, un actor que trata de sobrellevar su tiempo entre mujerzuelas, alcohol, pastillas y alguna conferencia de prensa en la que nunca completa una frase y es incapaz de hilvanar una idea.

A manera de crítica, Coppola radiografía el costado invisible -y oscuro- de una estrella, aunque también se encarga de dejar mal parado al periodismo, haciendo foco en inocuas y repetidas preguntas. Sí, a Sofia le disgustan las promociones y las entrevistas.

“Somewhere” no tiene un actor de la versatilidad de Bill Murray, ni una actriz de la belleza de Scarlett Johansson. Dorff (“Enemigos públicos”, “El destino y la pasión”) no ofrece casi alternativas; lo más rescatable es Elle Fanning, la hermana de Dakota, quien a sus 12, se perfila como una grata promesa.

¿Cuál es el defecto del film? Que nunca termina de arrancar, que es abúlico y que enfatiza la “nada” como un valor agregado. Porque la cámara de Sofia “persigue” a un actor que no sabe qué hacer con su vida, medianía que parece interrumpir cuando aparece, de buenas a primeras, su hija, de la que tiene que hacerse cargo.

Hay en la trama ciertos pasajes de la niñez de Coppola, cuando Francis Ford la llevaba de aquí para allá. Sin embargo, la hora y media se hace eterna.

A veces, ser distinto, o pretender serlo, confunde, y por lo visto aquí, Sofia aparece extraviada, perdida, no en Tokio, sino en su propio laberinto.

Fuente: La Razón

Por Leo

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