La Liga Arabe instó el domingo 08/01 al Gobierno sirio a detener la violencia contra manifestantes y a permitir que observadores árabes en el país trabajen más independientemente, pero no pidió ayuda de expertos de la ONU para impulsar su misión de paz. Esto garantiza que, tal como sucede en la Primavera Árabe, no habrá cambios profundos en Siria.

(Urgente24).

La llegada el mes pasado de monitores árabes a Siria para ver si el Gobierno estaba honrando una promesa de poner fin a una represión contra una revuelta popular no ha acabado con la violencia.

Más de 5.000 personas han muerto en Siria desde el inicio de las manifestaciones contra el Gobierno del presidente Bashar al-Assad, según la ONU.

Después de una reunión para verificar avances el domingo en El Cairo, el grupo de la Liga Arabe encargado de vigilar la situación en Siria dijo que el Gobierno de Assad había implementado sólo parcialmente una promesa de detener la represión, de liberar a los presos durante la crisis y de retirar a sus tropas de las ciudades.

En su declaración de cierre, la Liga afirmó que aumentará el número de observadores desde los 165 actuales y les dará más recursos, ignorando los llamados a terminar lo que activistas pro democracia dicen que es una misión sin fuerza que le da más tiempo a Assad para reprimir a sus opositores.

Funcionarios de la Liga Arabe dijeron que la continuación de la misión, que emitirá un informe completo el 19 de enero, depende del compromiso del Gobierno sirio a acabar con la violencia y a honrar sus promesas.

Los ministros de la Liga Arabe discutirán los hallazgos el 19 y 20 de enero.

«Si el (…) informe sale y dice que la violencia no ha parado, la Liga Arabe tendrá la responsabilidad de actuar sobre eso (…) Tenemos que ser claros y honestos con el pueblo sirio», dijo el primer ministro qatarí, el jeque Hamad bin Jassim al-Thani en una rueda de prensa tras la reunión.

El plan árabe también llama al Gobierno de Assad a permitir las manifestaciones pacíficas, a iniciar un diálogo con opositores políticos y a autorizar a medios extranjeros a viajar libremente en el país.

Siria aceptó esos términos, pero la promesa continúa sin ser cumplida.

Qatar, que preside el grupo y ha sido crítico del rendimiento de la misión, propuso invitar a técnicos de la ONU y a expertos en derechos humanos a ayudar a los observadores árabes a evaluar si Siria está honrando sus promesas.

La Liga dijo que no había pedido monitores de la ONU.

«Aún no hemos acordado enviar a individuos», afirmó el jeque Hamad. Al ser consultado si eso podría ocurrir en el futuro, respondió: «Depende de cómo se desarrollen los eventos».

Cerca de 50 opositores de Assad se reunieron fuera del hotel en El Cairo donde se realizaba la reunión, gritando «El pueblo quiere al presidente muerto» y «Abajo con Bashar». Algunos ondeaban caricaturas de Assad que lo comparaban con un vampiro, bebiendo la sangre vital del pueblo sirio.

Activistas de oposición sirios criticaron el fracaso de la Liga Arabe de adoptar una línea más dura contra Assad.

El proceso de transición

Un año después de que la Primavera Árabe comenzara su andadura en el norte de África, el cambio verdadero aún no parece haber llegado a Túnez, Egipto y Libia, los tres países donde el levantamiento popular forzó la caída de unos dictadores que llevaban décadas en el poder, ¿por qué aparecería en Siria? En Libia ya no está Muamar el Gadafi pero la transición permanecerá por largo tiempo.

Acerca de la Primavera Árabe, un informe de Amnistía Internacional (AI) sobre la situación de los derechos humanos en la región señala que, pese al «enorme optimismo» causado por el derrocamiento de unos regímenes que parecían invulnerables, «estos avances todavía no se han afianzado mediante reformas que garanticen que los abusos no se repitan». De hecho, la ONG asegura que en muchos casos la represión llevada a cabo por las nuevas autoridades incluso ha aumentado.

Según se lee en el informe de AI, «el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se comprometió reiteradamente a satisfacer las demandas de la Revolución, pero fue responsable de un catálogo de abusos que, en algunos aspectos, fueron peores que los cometidos durante el régimen de Hosni Mubarak».

La organización denuncia la muerte de 84 personas entre octubre y diciembre, recuerda que los militares que lideran la transición mantuvieron el estado de excepción y asegura que la «tortura bajo custodia» sigue siendo una realidad en el país árabe. Además, AI señala que «en un solo año los tribunales militares juzgaron a más civiles que durante tres décadas de dictadura» y subraya que las nuevas autoridades asaltaron las oficinas de varias ONG «en un aparente intento de silenciar las críticas».

Tampoco en Libia la situación parece idílica. Muamar Gadafi ya no está, pero la propia captura del coronel mostró al mundo entero que el Estado de Derecho no era precisamente un modelo para el bando rebelde: tras 42 años en el poder, el dictador fue ejecutado sin que ninguna autoridad judicial se pronunciara al respecto, y lo mismo ocurrió con muchos extranjeros sospechosos de ser mercenarios. Unos abusos que, según denuncia AI, «rara vez se han condenado».

La ONG tiene «importantes dudas» sobre la capacidad de las nuevas autoridades libias de impedir que las brigadas rebeldes repitan «el patrón de abusos aprendido durante el sistema anterior». La reciente visita oficial de Omar al Bashir a Trípoli prueba que los derechos humanos no están precisamente entre las prioridades del Consejo Nacional de Transición (CNT), puesto que el presidente sudanés es acusado de genocidio y de crímenes contra la Humanidad por la Justicia Internacional.

Entre los tres países que lograron un cambio de régimen en 2011, es en Túnez donde la transición está teniendo menos sobresaltos. En el país magrebí ha habido importantes mejoras en materia de derechos humanos, aunque AI subraya que los familiares de las víctimas de la primera revolución árabe «aún aguardan justicia» y que el «ritmo lento» de las reformas está decepcionando a los ciudadanos.

Sin embargo, los manifestantes no se van a rendir, aun cuando la revuelta corra el riesgo de eternizarse. Lo asegura Philip Luther, director provisional del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de AI. «Los movimientos de protesta han demostrado que no se dejarán engañar por reformas que apenas suponen mejoras en el trato que reciben de las fuerzas de seguridad. Lo que quieren son cambios concretos».

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