El escrutinio oficial de las elecciones del domingo en Bolivia confirmó la reelección en primera vuelta del presidente, aunque cinco puntos por debajo del 60 por ciento de los votos que le atribuyeron encuestas privadas a boca de urna, y mantenía la incógnita sobre si el oficialismo ganará el control de los dos tercios del parlamento.

Con 62,60 por ciento del recuento oficial completado hasta la media tarde de este martes, Morales obtenía 55,18 por ciento de los votos válidos, seguido por el empresario conservador Samuel Doria Medina (28,16 por ciento) y el ex presidente democristiano Jorge «Tuto» Quiroga (10,94 por ciento), según datos publicados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en su sitio web.

Varios sondeos a boca de urna publicados en la noche del domingo le asignaron a Morales entre 59,5 y 61 por ciento de los votos, en tanto el conteo rápido de la firma Ipsos le atribuyó 60,5 por ciento al mandatario y mostró al Movimiento al Socialismo (MAS) gobernante con solo un diputado menos que los necesarios para controlar dos tercios de la Asamblea Legislativa.

A medida que iban actualizándose los datos que el TSE comenzó a publicar con fluidez sólo esta mañana, aumentaba el porcentaje de votos reunido por Morales pero seguía sin dilucidarse si el MAS lograba conseguir la cantidad necesaria de senadores y diputados para asegurarse el control de dos tercios del parlamento.

La demora de más de 24 horas en la difusión de los primeros resultados por parte del TSE, que no fue explicada en una conferencia de prensa que dio este mediodía su presidenta, Wilma Velasco, fue criticada por otras autoridades locales y lamentada por observadores electorales extranjeros.

Velasco desmintió que el sistema de procesamiento de los datos de los comicios haya recibido amenazas cibernéticas, dijo que «problemas climáticos» complicaron el traslado de actas electorales en el departamento Potosí y advirtió que era «difícil» saber si el escrutinio quedará completado «mañana o pasado mañana».

«Quizás debía haber un poco más de austeridad en las palabras y más esfuerzo en las acciones», replicó el vicepresidente Álvaro García Linera en declaraciones a la radio Panamericana, y agregó: «Que cumplan su trabajo; si la ley dice en siete días, muy bien, cumplan en siete días, no anden ofreciendo que lo van a hacer en 24 horas y no generen falsas expectativas».

En tanto, el presidente de la Cámara de Diputados, Marcelo Elío, afirmó que estaba seguro de que el TSE actuó «de buena fe» y de que los inconvenientes registrados no afectaron el proceso electoral, pero remarcó que «debiera tenerse mayor cuidado» y advirtió que «seguramente se establecerán las responsabilidades necesarias».

Elío dio por ciertas las amenazas cibernéticas al sistema del TSE, al decir que este organismo estaba «tomando las previsiones del caso frente a la presencia de la oposición conservadora que hackeó algunas cuentas, incluso de Twitter», y subrayó que «no está de más blindar los sistemas informáticos para evitar un mal momento».

Por otro lado, la misión de observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA) señaló a «la lentitud del proceso de cómputo, transmisión y divulgación de actas» como «una de las deficiencias» de los comicios del domingo.

El jefe de esa misión, el ex presidente guatemalteco Álvaro Colom, opinó que la prolongada falta de datos oficiales sobre los resultados implicaba «un gran riesgo».

Paralelamente, mientras el oficialismo asumió plenamente la reelección de Morales, dentro de la oposición -que ya había reconocido el éxito electoral del mandatario entre la noche del domingo y la tarde de ayer lunes- se manifestaron algunas sospechas relacionadas con la demora del escrutinio oficial y dudas respecto del porcentaje de votos del presidente.

«El gran perdedor es la derecha, la derecha la volvimos a derrotar y por goleada, seis de cada 10 bolivianos han votado por continuar un proceso de cambio», celebró García Linera, quien admitió que Morales no ganó en Beni -único de los nueve departamentos bolivianos donde no se impuso- y en La Paz, Oruro y Potosí obtuvo porcentajes de votos inferiores a los de los comicios anteriores.

«Nunca en la historia democrática reciente de Bolivia se ha tenido semejante demostración de ineptitud, incapacidad e ineficiencia del órgano electoral, lo que hace pensar que están manipulando y cocinando los resultados», dijo Quiroga.

El ex mandatario reiteró la singular promesa que hizo en septiembre pasado -que si Morales era votado por seis de cada 10 bolivianos, se comería su reloj- y la vinculó con las sospechas expresadas: «Evo está queriendo llegar al 60 por ciento para verme comer mi reloj».

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