Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Ucrania, Petro Poroshenko, escenificaron ante líderes europeos otro intento de aproximar posturas y relanzar el plan de paz para el este ucraniano.

«Hoy acordamos la necesidad de devolver la paz y la estabilidad a Ucrania», declaró el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, tras participar en la reunión entre Putin y Poroshenko en Milán, que coincidió con la cumbre del foro Asia-Europa (ASEM), junto a los líderes de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.

Van Rompuy destacó que se convino en «la necesidad de avanzar en la implementación» de los acuerdos firmados el mes pasado entre Ucrania y los separatistas pro rusos alzados en armas contra Kiev, que incluyeron un alto el fuego que redujo las hostilidades pero no logró detener del todo los combates.

No obstante, reconoció que «hubo diferencias en varios aspectos», por lo que serán «necesarias más reuniones» para abordar esas cuestiones, informó la agencia de noticias EFE.

Putin y Poroshenko estrecharon su mano antes de reunirse con la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, el británico, David Cameron, el presidente de Francia, Francois Hollande, Van Rompuy y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

«Fue buena, fue positiva», dijo un sonriente Putin a periodistas luego de las discusiones.

Renzi, que fue el anfitrión del encuentro, dijo que se realizaron progresos pero que todavía hay «muchas diferencias» entre Rusia y los líderes europeos sobre Ucrania.

La reunión en Milán forma parte de una ofensiva diplomática de Putin y la Unión Europea (UE) para discutir el conflicto en Ucrania y tratar de superar uno de los mayores desencuentros entre Rusia y Occidente desde la Guerra Fría.

Estados Unidos y la UE impusieron sanciones económicas a Rusia por haberse anexado la ex ucraniana península de Crimea, en febrero, y por considerar que arma y financia a los separatistas que combaten a Kiev desde abril en las provincias orientales de Donetsk y Lugansk, en un conflicto que ya dejó más de 3.500 muertos.

Putin, que rechaza las acusaciones, ha condenado fuertemente las sanciones, y ayer amenazó con reducir el suministro de gas natural a Europa si Ucrania desvía el flujo para consumo interno desde gasoductos de tránsito que pasan por su territorio, como ya hizo Moscú en 2006 y 2008, algo que preocupa en extremo a la UE.

Pese al tono optimista de Putin, su vocero, Poroshenko y Merkel rebajaron luego drásticamente las expectativas de un pronto entendimiento entre las partes en relación a la crisis en Ucrania. «Desafortunadamente, no soy muy optimista», dijo el presidente ucraniano a periodistas antes de iniciar una reunión con el canciller de Austria, Werner Faymann, al margen de la ASEM.

El portavoz de Putin confirmó las dificultades en el diálogo.

«Efectivamente, las negociaciones están siendo difíciles. Hay muchos desacuerdos y falta de entendimiento, pero, de todas formas, continúan y tiene lugar un intercambio de opiniones», sostuvo Dmitri Peskov, vocero del Kremlin.

Peskov lamentó la postura «inflexible y llena de prejuicios» de algunos de los participantes que manifestaron «una absoluta renuencia a intentar ser objetivos a la hora de valorar los sucesos en el este de Ucrania».

La gobernante alemana también dejó en claro que una rápida solución aún no está a la vista.

«Estamos más cerca en algunas cuestiones de detalle, pero el punto central es si la integridad territorial de Ucrania realmente se
respeta», señaló Merkel, agregando que los rebeldes de Ucrania tienen que permitir la celebración de las elecciones legislativas que planea Kiev, algo que los separatistas rechazan.

El primer ministro británico, David Cameron, afirmó que Rusia debe retirar las tropas y las armas de Ucrania y reconocer la legitimidad de unas elecciones celebradas en la ex república soviética y, si esto no sucede, la UE mantendrá las sanciones contra el Kremlin.

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