Nacido en Townsville, Queensland (Australia), el 3 de julio de 1971, Julian Assange –fundador y editor del sitio WikiLeaks– es sobre todo un activista de Internet que milita para que la información sea libre y pública. Es en esencia un pirata informático, como el mismo lo llegó a reconocer.

Assange estudió física y matemáticas, fue hacker durante su adolescencia (su apodo era Mendax) y programador de sistemas antes de asumir su actual cargo como director, asesor y editor en jefe de WikiLeaks.

Estudiante de física, filosofía y neurociencia, y considerado un autodidacta, Assange fundó WikiLeaks en 2006. Figura entre sus nueve miembros asesores, y es un prominente portavoz en los medios de comunicación. Afirma que tiene la decisión final en el proceso de examen de los documentos secretos que se le entregan al sitio.

Su vida comenzó a complicarse desde que este año lanzó la publicación de documentos secretos sobre las guerras de Afganistán e Irak. El primer golpe fuerte lo dio en abril pasado con la revelación de un video de julio de 2007, en el que se podía ver cómo un helicóptero estadounidense masacraba en Bagdad a un equipo de colaboradores de la agencia de noticias británica Reuters. Una información que el Pentágono trató de frenar. A partir de ese momento, ya no pudo pisar EE.UU. Muchos lo consideran un héroe de la libertad de expresión y otros, un enemigo y traidor de Washington.

Sus padres tenían una compañía de teatro itinerante y eso lo obligó a ir a 37 escuelas diferentes. Según la prensa del Reino Unido, donde fue detenido hoy, su madre Christine pensaba que la escuela alentaba la sumisión a la autoridad y por eso decidió cambiarlo de colegios y lo educó principalmente en su casa.

Tras el divorcio de sus padres, Christine se volvió a casar, pero una ruptura abrupta de la nueva pareja lo obligó -junto a su madre y a su medio hermano- a huir de este hogar. La familia llegó a pasar casi cinco años escondida por la terrible batalla legal que se desató por la custodia de su medio hermano.

Era un adolescente cuando se enamoró de las computadoras y cuando se casó. Tenía apenas 18 años y poco tiempo después él y su mujer tuvieron un bebé. Pero la pareja se desmoronó y nació otra guerra legal: esta vez por la custodia de su propio hijo.

El durísimo proceso legal –duró más de 8 años, entre 1991 y 1999- llevó a Assange y a su madre a crear un grupo de activistas llamado Padres para la Protección del Niño que puso en marcha un banco de datos centralizado de los registros legales de custodia infantil en Australia, que hasta ese entonces eran inaccesibles.

De voz pausada y respuesta breves pero contundentes, Assange ha confesado que detesta la subjetividad en el periodismo: “Debería ser más como una ciencia. Todos los hechos deben ser verificables”, clama. Su obsesión por la prensa está vinculada a su afán por difundir información secreta. Aún adolescente, creó un grupo llamado International Subversives (Subversivos Internacionales) y logró meterse en las computadoras del Departamento de Defensa, y hackear varios archivos del gobierno Australiano. Fue juzgado y condenado por ello, pero logró evitar la pena gracias al pago de una fianza.

Nunca fue un hacker convencional. Muy pronto lanzó una máxima para International Subversives: “No dañar los sistemas informáticos en los que se entra, no cambiar la información de esos sistemas (a excepción de alterar los registros para cubrir sus pistas), y compartir información que se consiga”.

Años más tarde empezó a rumiar la idea de crear WikiLeaks. Hoy, el sitio tiene penas un staff de cinco personas full-time y unas otras 40 que –según dijo Assange- “frecuentemente hacen cosas”. Además del apoyo de unos 800 colaboradores y unas 10.000 simpatizantes y donantes de fondos. Una estructura amorfa y descentralizada que podría replicarse en el futuro entre los medios de comunicación, según vaticina.

Muchos ven en Assange una nueva forma de generar noticias. Él se autodefine como un activista de la información. Para sus abogados en Londres, es un periodista. Y los procesos legales en su contra no son más que ataques a la libertad de prensa.

Fuente: clarin

Por Marta

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