“Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia.” Heráclito de Éfeso.

Llegó la Fragata ARA Libertad al Puerto de Mar del Plata, enmarcada dentro de las particulares necesidades y la cosmovisión cristinista. Debió arribar al Puerto de Buenos Aires, hace cuatro días, para felicidad de marinos y familia, pero el “relato” necesitaba un nuevo road show oficialista, esa parodia recurrente por la cual se une una agenda oficialista, más o menos permanente, de despliegue lúdico, intrascendencia administrativa y practicidad al estilo de la masilla. Sirve para tapar el tiempo, tapar los huecos, tapar las inoperancias, tapar los vacíos de administración.

En una base naval abandonada, sin calado suficiente —que se tuvo que dragar a contra reloj— explotaron los convenientes fuegos artificiales, bucólicos, desdibujados por la permeancia de Febo en verano, más allá de las 20 horas.

Antes, la mandataria Cristina Fernandez Wilhelm, viuda de Kirchner, engoló con sus consabidas palabras de “chaskibúm”, esas que escuchan los sujetos pasivos del road show, entre choripanes, chateos de celular y conversas de una eterna interna sucesoria. Porque de eso se trata en definitiva, Cristina ya está jugando la interna pejotista.

Primero fue el fuego

Como “todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue”, los días de Cristina frente al gobierno se siguen desojando, como las hojas en el otoño, o las pequeñas páginas de los antiguos almanaques. Y sí, como decía en su mayor enseñanza el primer militante del PJ feudal, el estrábico con carta natal en Rio Gallegos, la cuestión es seguir manteniendo la llama, entre tanto hielo que se avecina. Que no decaiga, al decir de un director de TV.

Pero ocurre que Cristina no solo se ha confundido en aceptar la reelección en 2011 y luego volverse a equivocar creyendo que el supuesto 54% (Indra mediante) resultaban un cheque en blanco o un engaño perecedero, interna y externamente, también se equivocaron (o cerraron los ojos y le dieron para adelante) en que no hay reelección. Ahora es la hora del esmeril, el turno de la autodestrucción interna.

La “perrada” que anteayer vitoreaba, lo hace al mejor postor, todos sabidos del embolse seguro de unos pocos pesos y a vianda, que siempre ayudan en los interminables eneros. Ella sabe que los deglutidores de choripanes hoy son K y mañana vitorearán a Scioli, Massa, Urtubey o quien se cuadre, muerto el Rey, ¡viva el Rey!

La Presidenta lo sabe, por eso, no siendo tiempo electoral, hace los actos para los propios, juega la interna, cosa que la oposición y los “comunes” no terminan de entender. La bondad para la gilada (o perejilada en terminos montos de los 70) y el trajecito negro luto volverán, indefectiblemente, 90 días antes de las elecciones de medio turno, que son para octubre, cuando haya que contar las papeletas en el comicio. Son tiempos, las burradas de hoy, se olvidan mañana, mañana habrá nuevos discursos junta votos diferentes, necesarios para la ocasión.

Hoy, el objetivo es interno. Es Scioli, el gran pecador del rito K: “Venite, che, pesificate”, le dice el Senador bigotón ex Quilmes, sabido que ya quemó los barcos, y de gran querellador podrá pasar a querellado, prontamente, si no hay “Cristina eterna”.

Ellos son los grandes perdedores, los ultra, los que saben que después de “Ella” no hay chances de reciclarse, no hay chance actual de hacerse el distraído, como lo hace la inmensa mayoría de la dirigencia del PJ en todos los estamentos, ellos son la mano de obra de la re-re-re y quizá los armadores del gran zafarrancho que la termine de hundir.

Scioli, y el PJ “oficial no K”

Por su parte, el gobernador bonaerense, tímidamente acomete el peor de los siete pecados capitales en términos del relato. Viola la norma primera: “Nunca te organizarás y nunca generarás una política de articulación que represente una alternativa de poder”.

Tiene piedras en las alforjas. El desastre del Gran Buenos Aires, lo más postergado de la Argentina en algún sentido (atraso, desorganización, envilecimiento social, altos niveles de droga y violencia callejera, etc.) y la puja salarial de los gremios que responden a Cristina o a la izquierda loca, al decir de la mandataria actual. Desde lo metafísico también le resulta cuesta arriba el antiporteñismo, y la tradición de que nunca un gobernador bonaerense puede llegar a la máxima magistratura, quizá por ello.

Le faltó PJ al circo marplatense, su grueso que hoy está silencioso y esperando la definición del gran match de fondo.

Hoy, como siempre, el PJ representa quizá la única estructura local que puede asegurar, en el marco de las relaciones con el exterior, los negocios con el stablishment, ese que asegura la “gobernabilidad”, un concepto quizá que se encuentre en el firmamento de los ideales de la política a la derecha de Don Mitt Romney. Ese stablishment no es Clarín o Rocca, eso es vidrio para los militontos locales. Si no, el verdadero stablishment, ese que exigió la quita de las retenciones al petróleo (de 70% a 0%), el precio preferencial a la Chevron, el “viva la pepa” financiero, los beneficios a las mineras y las inversiones chinas sin concurso ni licitación.

El modelo genera y necesita su propia interna de dependencia, así como lo generaba en los años 20 y 30 la puja de intereses entre filiales trasnacionales inglesas versus americanas. En definitiva, es una puja entre qué collar nos colocamos al cuello, elegir amo.

Como enseñaba Nicolás Maquiavelo, los del PJ saben que, en definitiva “el que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra”, y todos ellos, absolutamente todos, desde el gobernador, el intendente, el concejal y el barón del conurbano, están dispuestos a quedarse, sin importar quien resulte “pontifex máximus” en el 2015.

Todo fluye

Así, tranquilamente, asistimos al primer acto de la política de 2013. Tímidamente Scioli pretende que se le reconozca al menos el 50% de los lugares “expectables” en la lista de diputados nacionales de la boleta bonaerense. Del otro lado, jamás se asentirá a dicho pedido, dado que la conformación de listas será realizada en el Salón de la Quinta Presidencial de Olivos, donde se realizan las tradicionales tertulias cuasi estudiantiles K, y en la cual se armará un esquema tal que al menos intente luego de diciembre de este año forzar a aliados al llamado de una Convención Constituyente, y ello no puede ocurrir si el 100% de los diputados electos en octubre no cumplen el rol de “levantamanos” y felpudos a la hora de cumplir las órdenes de doña Cristina.

Tanto Scioli como Massa también saben que no se les dará nada ni se les permitirá contar con poder legislativo de veto alguno, con lo cual el camino es o romper e ir por afuera con una lista neo opositora (la lógica), o mudarse a cuarteles de invierno, con la salvedad que Massa bien puede desequilibrar las fuerzas y mandar de un solo toque a Scioli al cadalso, cerrando con los K. Una jugada arriesgada pero muy sutil, y correspondiente con un futuro papel de “gobernador felpudo 2015”, cargo al que aspiraría en caso de elegir ese camino.

Valga la reflexión para los que piden paz en política, porque ella les será negada: la política es una lucha agonal, una catarata de derrotas, en definitiva, un constante apuñalamiento en las traiciones.

La mano de los justos

Quizá el error mayor de este nuevo fenómeno político que se produce desde las nuevas tecnologías y sus comunidades virtuales, y que han logrado la paradoja de eliminar tanto la representación (logrando una legitimidad inédita) como la organización política (real, más allá de una marcha esporádica), es no solo la negación de la política como organización de un actor real —cuyo fin y objeto no puede ser otro que la conquista del poder, y no su rechazo— sino el pedido del reino de la paz, vocablo extraño para la confrontación dialéctica de personas e intereses. Y es negación de la política porque esta tiene sus reglas, no locales, universales, y así como no se juega al fútbol con las manos, no se juega al básquet con los pies, y es hora de que lo vayan sabiendo los que quieran saltar de la banca al field, salvo que hablen por hablar.

Así cuando el poeta expresó: “¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!”, el filósofo le contestó: “Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua.”

No se puede pedir el cese de un Tirano, si no se lucha contra la tiranía.

Nuestra sociedad complaciente, y cómoda, no termina de comprenderlo.

Por José Terenzio

Fuente: http://periodicotribuna.com.ar