En el ingreso de Cristina al recinto para la apertura de las sesiones legislativas, se arrojaron billetes de 100 con la cara de Amado Boudou, en alusión a las denuncias por su vinculación con la ex Ciccone Calcográfica. En el Gobierno consideran que tuvo que haber complicidad del algún sector del kirchnerismo y ya hay acusaciones cruzadas. Florencio Randazzo, acusado de filtrar información a Clarín.

La Politica Online

La Presidenta ingresó al recinto de Diputado para dar inicio a las sesiones legislativas en medio de aplusos, cantos y una lluvia de papelitos. Pero entre toda esa algarabía, alguien consiguió arrojar unos billetes -fasos- de 100 pesos que hacían referencia a la denuncia contra el vicepresidente Amado Boudou y su vinculación con la ex Ciccone Calcográfica, a quien habría intentado favorecer para la impresión de moneda de curso legal.

Estos billetes, a los que llamaron «Boudues», fueron arrojados desde algún palco del segundo piso, justo detrás del escritorio presidencial. Se trataba de una fotocopia con la foto del vice, la inscripción «100 pesos inconvertibles de curso legal» y aclaraba que fueron emitidos por el «Banco Central de la Guitarrita Argentina». En el dorso, aclaraba: «Boudou Miente».

Lo que más desconcertó al kirchnerismo es la facilidad, la «impunidad» con la que se realizó esta broma, que llegó a manos de Cristina Kirchner, pues los panfletos cayeron directamente en el escritorio desde donde brindó el discurso de más de tres horas.

En el Gobierno intuyen que tuvo que haber complicidad de algún sector del kirchnerismo, porque fueron arrojados desde un sector que está controlado por personal de seguridad de Diputados, que responde al presidente del cuerpo, Julián Domínguez -algo que generó suspicacia en su contra-. Lo cierto es que el operativo oficialista para colmar Diputados con militantes propios no garantizó que no haya un papelón de este calibre. Algo falló sorpresivamente, o acaso premeditadamente.

Distintos sectores del oficialismo ya comienzan a acusarse por lo bajo. Uno de los principales sospechosos es nada menos que Florencio Randazzo, quien tiene una vieja interna con Boudou. Se sabe, además, que el ministro del Interior compite abiertamente con todos los que aspiren a la gobernación bonaerense, más allá de su supuesta vinculación con Boldt -despojados de la planta de impresión ante la llegada de Alejandro Vandenbroele-.

A Randazzo lo acusan de filtrar información a Clarín, específicamente lo señalan como el responsable de haber confirmado que las boletas de Cristina Kirchner para las últimas elecciones fueron imprimidas en Ciccone. Esta situación lo dejaría mal parado frente a la Presidenta. «Por más internas que tenga con Boudou, no puede complicarla así pasando información al principal enemigo», señalan.

Por otro lado, quienes estuvieron en los palcos, relatan que cuando comenzaron a caer los panfletos, los militantes de La Cámpora quedaron asombrados pero sin reacción: pensaron que era una chicana más de Guillermo Moreno, quien no pierde oportunidad para pegarle al ex ministro de Economía, al que acusa de liberal. En las reuniones con empresarios, suele repetir: «Conmigo no se jode, yo no toco la guitarrita».

Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, quien salió caminando junto a Cristina del Congreso, le repetía que había sido una operación armada por Boldt. Mientras tantos, los allegados a Boudou insistían en que Máximo seguramente estuvo implicado. Es que el hijo de la Presidente arrastra un encono personal con el vice.

En rigor a la verdad, Máximo y Cristina mantuvieron una discusión por el escándalo de Ciccones, una causa que hace que el círculo íntimo de Cristina vea fantasmas y traiciones por todos lados. Unos panfletos generaron un revuelo importante, lo que demuestra el nivel de internas en el kirchnerismo, que en ningún momento presumió que esta pudo haber sido generada por algún militante de la oposición más frontal al Gobierno. La silenciosa guerra por los «Boudues» ya está abierta.

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