Se acerca entusiasmada. Pretende ser sigilosa e intenta, desde el espacio que separa el escenario de la primera fila, sacar una foto en primer plano de su ídolo antes de que la encargada de seguridad la devuelva a su asiento. No es una adolescente más. Pasa los cincuenta y espera desde hace décadas este momento. Está en el recital de Palito Ortega, después de treinta años de ausencia.

El viernes, este ícono de la música argentina desbordó el Luna Park. Pasadas las 22, miles de admiradoras lo recibieron con aplausos, gritos y declaraciones de amor. El, de blanco impoluto, apareció en escena y en pocas palabras admitió sus nervios y emoción. Confirmó también su entusiasmo, que reconoció como el mismo con el que llegó a su primera prueba. «Recuerdo que allí dije: «Tú tienes…»», entonó sutilmente. La multitud estalló en nuevos aplausos y alaridos que pronto se convirtieron en los coros de «Despeinada». Era el comienzo de un show que duró más de dos horas y en el que recuerdos y reencuentros fueron las musas predilectas.

Siguieron los hits «Bienvenido amor», «Viva la vida», «Corazón contento» y «La felicidad». Con palmas y baile, las fanáticas acompañaron a un Palito que ofreció precisamente lo que ellas añoraban. Detrás de la banda de once músicos -que incluye al mítico Lalo Fransen-, una pantalla reproducía imágenes y extractos de películas que mostraban a Palito años atrás pero, de alguna forma extraña, igual que ahora. En el Luna Park se vivía una recreación de aquellas escenas sesentosas. Todos eran los mismos haciendo lo mismo; tres décadas después. «Lo amo. La última vez que lo vi tenía catorce años. Vine con mi hijo porque él lo escucha desde que tenía tres años, cuando no sabía leer y, sin embargo, ponía en mi Winco a Palito», resumió con emoción Zully Gómez, de 60 años, que fue acompañada de su hijo Javier, de 37.

La lista de artistas invitados fue inaugurada con las canciones de los Red Caps. Para evocar la época del Club del Clan, aparecieron en el escenario Johnny Tedesco y Nicky Jones, que se sumaron a Fransen y a Palito, que se reubicó en el lugar de baterista. Tocaron canciones como «Vuelve, primavera», «La media medalla», «Corre, González», «La bamba», mientras varias parejas en el público se abrazaban y reían con recuerdos cómplices de una época.

La mención de Sandro fue recibida por el público con gran emoción y un cerrado aplauso, que pronto se convirtió en risas: «Cuando Roberto salía a cantar, las mujeres se volvían locas y le tiraban de todo. Cuando yo salía a cantar, las mujeres me daban estampitas», bromeó Palito.

Presentado como «un hermano» llegó Charly García, que junto con su banda acompañó a Palito en la canción «Media novia». Sin decir palabra y luego de tocar el órgano, Charly dejó el escenario. Fueron también de la partida el Chaqueño Palavecino, Raúl Lavié y Valeria Lynch. Todos muy aplaudidos, compartieron junto con Palito una noche de permanente recuerdo.

La nota más contemporánea la dio la canción «Prende y apaga la luz», que es la cortina musical del noticiero conducido por Sergio Lapegüe. Jugando con celulares y encendedores, los seguidores acompañaron la canción mientras eran filmados en vivo para el programa de noticias.

El tema de la película La sonrisa de mamá y el recuerdo de Libertad Lamarque (que interpretó en ese film el rol de madre) fueron recibidos con un renovado aplauso. Con el público enfervorizado, Palito pidió que los presentes levantaran pañuelos al aire mientras cantaban «La felicidad».

Agradecimientos y saludos a la familia culminaron con los nietos del artista en el escenario. Por último y en un momento de gran ternura, Palito entonó «Perdiendo imagen» acompañado en la batería por su nieto Bautista, de nueve años, hijo de Emanuel. Una promesa de un nuevo encuentro en 2011 cerró el show y el público emprendió el camino de regreso a su casa, con la certeza de haber visto de nuevo y como en su juventud a Palito, el «Rey».

Fuente: La Nación

Por Leo

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