En 1977 fue elegida Mujer Maravilla en un concurso que le dio fama. En su carrera como actriz construyó un fuerte vínculo con la tele y el teatro. Hoy se estrena “El perseguidor”, su primer protagónico en cine.

“¿Qué proyectos tengo para el año que viene? Hay algo en televisión, pero no hay nada confirmado todavía … Y, después, bueno, me gustaría ser mejor persona”. ¡Plop! Es raro escuchar decir algo así, pero bienvenido sea. La actriz Marita Ballesteros atraviesa una deliciosa madurez y la exterioriza sin hacer alharaca. Dice que hace unos años disfruta más, vive tranquila, sin presiones e intenta mantener su mochila liviana. A los 60, da las gracias.

Más frecuente en teatro y en televisión, la pantalla grande la volverá a tener después de más de una década y, por primera vez en su carrera, como protagonista. En “El perseguidor”, un film oscuro, tensionante (por momentos, rememora al francés “Caché”, con Daniel Auteuil), personifica a Lola, una arquitecta casada desde hace tiempo que es víctima de una llamativa y sofocante persecución. “Me llamó la atención la propuesta, pero me gustó y quise aceptar el desafío. Incluso me sorprendió que me convocaran a mí, pero Javier Daulte (teatrista y director) recomendó mi nombre a Víctor Cruz (el realizador debutante)”, cuenta.

Almorzando en el Tigre, junto a su marido, Ballesteros cuenta que consiguió sacar a flote un personaje complejo dentro de un film “nada sencillo”, en el que imperan los silencios, los primeros planos y las acechanzas. “Lola es una mina negadora, no quiere cambiar nada, ella pretende que siga todo igual, pone piloto automático y va … pero se nota que su matrimonio no funciona”, adelanta la actriz, que hace saber que el cine le dio pocas chances. “Hice cada cosa (sonríe con ternura). Hasta trabajé en la peli de ‘Titanes en el Ring’. Pero acá estoy, con 30 años en el oficio, recorriendo un camino con altibajos, en una profesión que no garantiza nada, por lo menos a mí”, hace su lectura.

Pensar que Marita se hizo conocida en un concurso de belleza, cuando fue elegida Mujer Maravilla, allá por 1977. Después, “bajando a la tierra”, eligió ser maestra y tuvo un lapso en el que trabajó como azafata, hasta que “inconscientemente entré a la televisión en el ciclo ‘Aprender a vivir’, donde era una de las protagonistas … Pero yo no tenía experiencia”, recuerda.

La vida, el paso de los años, además de bosquejar una mujer interesante, fueron puliendo sus valores, sus prioridades, su calidad personal. “Estoy en un tramo en el que me siento tranquila, me quiero más. Antes me daba más con un caño, ahora soy menos enemiga de mí misma. Ojo, que siempre puse el cuerpo y me entregué, no me gusta el chanterío ni hacer cualquier cosa con tal de figurar”.

A los 52 encontró el amor de su vida, se casó a los 58 y vive en un estado de embelesamiento de esos que no abundan. “Él (su marido) es la frutilla del postre”, reconoce sincera. Y lo del principio, afirma, no es cuento: “En serio, quiero ser mejor persona, para estar más contenta yo, y darle alegría a mi entorno”.

Fuente: La Razón

Por Leo

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