La Plata: estafan a chicos en su casamiento

En épocas de vacas flacas, no faltan los que se aprovechan de la gente. La pareja había contratado a un servicio de catering para una fiesta íntima y familiar en la localidad platense de El Pato, sin embargo, les llevaron la mitad de la comida. Después descubrieron que el supuesto vendedor no registraba ningún impuesto activo, ni figuraba en ningún lado: era un fantasma.

La pareja damnificada se casó el La Plata el 15 de marzo pasaron. Habían ahorrado durante casi un año y medio para poder festejar la ocasión con familiares y amigos. El lugar elegido había sido una quinta en El Pato. Todo habría resultado perfecto, si no fuera porque el proveedor del catering al que contratamos terminó estafándolos.

“En principio iba a hacer el evento otra persona, pero como tuvo un inconveniente resolvimos buscar otro catering” recuerda la novia y agrega: “a este chico nos lo había recomendado la novia de un amigo muy cercano de mi pareja, ni siquiera era barato. Nosotros solamente queríamos que alguien se encargue del trabajo y que todos la pasemos bien”.

Sin embargo, los problemas empezaron desde el principio: “primero nos empezó a presionar para que le paguemos la seña. Nosotros le explicamos que estábamos de vacaciones, que no teníamos señal y que volvíamos en una semana, pero él se puso insistente. Le propusimos hacer una transferencia, porque sí teníamos cajeros disponibles, pero dijo que eso no se podía. Nos ofreció por Mercado Pago, y antes nos aclaró que nos iban a cobrar comisión. De cualquier forma, no teníamos Internet, así que le tuvimos que pedir a mi cuñada que vaya, y ella no tenía la plata [8 mil pesos], pero hizo el esfuerzo la consiguió”.

Los novios también dicen que en esa ocasión le hicieron firmar un recibo, pero que ese fue el único documento válido que les dio. Lamentablemente la lista de malos ratos no terminó ahí.

“Después nunca lo podíamos encontrar, porque nosotros queríamos que la mitad de la comida fuera vegetariana, así que quisimos discutir opciones. Finalmente acordamos que nosotros llevábamos la mitad de la comida, y le contratamos cubiertos para veinte personas. Aparte pagamos un servicio para el resto de los invitados, que eran más o menos el doble”, cuenta la novia.

El cubierto costó $750 por persona, y el menú incluía una recepción, platos principales, postre, mesa dulce y un show de pizzas que la pareja decidió no usar. Además, pagaron unos 7 mil pesos extras para un servicio para cincuenta invitados, aunque terminaron siendo menos de cuarenta. Por otra vía contrataron un catering vegetariano para treinta personas más. “Nosotros lo sabíamos que eran menos de 50, pero queríamos que sobren cosas, y estar cubiertos por si alguien quería invitar a alguna pareja, por ejemplo”, recuerdan.

No obstante, pocas veces lograron ponerse en contacto con el proveedor. En esas contadas ocasiones le explicaron que el evento iba a ser tipo buffet, es decir, sin platos, y que querían algo relajado. Le pidieron elegir algunas cosas del menú, que ofrecía distintas variedades, para que haya más de las cosas que les gustaban. Él dijo que se podía hacer todo. Además, pagaron $650 extras por un servicio de café para que los invitados puedan tomar algo calentito antes de irse.

Y los problemas siguieron: “la semana antes del casamiento empezó a presionar para que le entreguemos la totalidad del dinero. Se suponía que iba a venir a la quinta el día anterior, y ahí íbamos a poder hablar tranquilos, firmar el contrato y demás. No entendíamos cuál era el apuro. Tanto insistió que le pagamos el martes [el evento fue un viernes], yo tuve que cancelar un turno médico para ir a alcanzárselo a la estación de Sarandí. Preguntamos si quería pasar por casa a arreglar las cosas y dijo que no, que estaba apurado. Finalmente, el jueves ni apareció en la quinta. Le mandamos por mensaje todo explicado, pero nosotros nos queríamos juntar antes”.

La comida que contrataron aparte se entregó a la mañana y no hubo mayores inconvenientes. Sin embargo, cuando los novios llegaron se enteraron de que los invitados no habían comido nada mientras los esperaban, a pesar de que estaba pagada la recepción.

Después, durante el almuerzo apenas aparecieron los platos del menú que le habían pagado al catering. “Había muy poca comida no vegetariana, y poca cantidad. Estaba como fusionada la recepción y el almuerzo. Sirvió unos sanguchitos de bondiola, unas albondiguitas, unos pinchos de carne y pollo, y pará de contar. Todo sin salsa, sin nada”, cuenta el novio.

“¡La recepción incluía fosforitos de jamón y queso, locatellis de jamón y queso, tartaletas de atún y pinchos también de jamón y queso y no hubo nada de esto! Nosotros fuimos a sacarnos unas fotos con mi hermana y nuestros amigos y familiares estaban todavía sin comer a la una del mediodía [el casamiento había tenido lugar a las 10:30]. Muchos habían venido de Capital, otros habían salido de laburar. Pero me da bronca porque nosotros lo habíamos pagado”, sigue.

Y la novia agregó que “tampoco hubo postre. Nosotros habíamos pagado por casuelas o vasos de oreo, chocotorta y selva negra, pero no lo sirvió. En la mesa dulce aparecieron tres tartas y unos chupitos de merengue partido, mezclado con dulce de leche, algo que pueden hacer chicos en el jardín para jugar a los cocineritos”.

“Le pedimos especialmente tres tartas, pero él puso las que se le cantaron. También le habíamos pedido que una no la corte, para soplarle la velita a la ahijada de mi pareja, que cumplía años, pero olvidó. En cuanto al café, al menos amigos nos contaron que pidieron una tacita y les dijeron que no había más, a pesar de que habíamos pagado servicio hasta las 19:00 y a las 18:00 ya se habían ido casi todos”, denuncia.

Durante el transcurso de la fiesta los amigos de los novios se ofrecieron a pedir pizza, porque la comida se había acabado muy rápido. También propusieron ir a confrontar a Atristain, pero prefirieron no pasar un momento todavía peor. Cuando le reclamaron al supuesto cocinero, este dijo que se había tratado de “un error” y dijo que iba a devolver la mitad de los 20 cubiertos pagados, pero el dinero nunca apareció. Tampoco entregó factura, ni firmó contrato.

“Obviamente, estamos en proceso de hacer todas las denuncias correspondientes. Ya averiguando en AFIP descubrimos que no está inscripto en nada, pero en nada. No tiene trabajo en blanco, no tiene impuestos registrados, el tipo es un fantasma. Entiendo que es mi culpa por haber confiado en la recomendación de un tercero. Se suponía que era de confianza. Uno siempre va a pensar que la gente es honesta. De momento tenemos todos sus datos, nuestros amigos lo recuerdan bien, así que esto va a seguir, pero no quisiera que le arruine la fiesta a nadie más, porque hoy en día cuesta mucho”, se lamenta el novio.

Según pudo indagar este medio, Atristain ofrece sus servicios por las redes sociales y aparentemente se maneja mediante recomendados. En sus publicaciones dice que trabaja con un catering llamado “Les Amis”, sin embargo, no está tributa a la AFIP ni como autónomo ni como responsable inscripto. La empresa a la que hace referencia tampoco está registrada.

Por su parte, el DJ que trabajó en día de la fiesta declaró que no le sirvieron comida ni a él ni a los mozos, algo que exige el gremio de gastronómicos por convenio. Al estar completamente fuera de regla es probable que el personal haya sido contratado “en negro”. Lamentablemente, este tipo de estafas resultan frecuentes por tratarse de una modalidad de trabajo informal. Algunas personas ofrecen servicios de catering sin contar con habilitaciones y respaldos necesarios a pesar de que se manejan montos elevados por evento, y los clientes no tienen forma de constatar la calidad del producto hasta el mismo día, cuando ya no hay tiempo para cambiar. Por esta razón es recomendable pedir siempre documentación respaldatoria desde el primer momento.