La plaza de la Liberación se convierte en un clamor contra el presidente de Egipto en el día en el que la población espera su salida del Gobierno.- «¡No nos vamos hasta que él se vaya!», han gritado al unísono.
«¡Se va, se va!» y «¡No nos vamos hasta que él se vaya!». Es el grito unánime lanzado por los cientos de miles de personas congregadas en la plaza de la Liberación de El Cairo. Ha comenzado en el momento justo en el que el rezo del viernes concluía, una oración en la que se han unido musulmanes y cristianos. La lucha para echar del poder al presidente Hosni Mubarak ha llegado a un día clave, la jornada en la que los opositores esperan el abandono. Por eso este viernes fue bautizado como el día de la despedida. Durante el sermón, los predicadores han insistido en que la revolución «no es religiosa» y «pertenece por igual a musulmanes y cristianos, hombres y mujeres». En la concentración, que vuelve a ser mayoritariamente pacífica tras los disturbios de los dos últimos días (aunque las cámaras han mostrado hoy algunas escaramuzas en las calles de la capital egipcia), hay sentimiento de esperanza y también de determinación en que el régimen moverá pieza, entre otras cosas por las noticias que han llegado de que Washington está negociando la marcha inmediata del presidente egipcio tras 29 años en el poder. Esta posibilidad ha sido rechazada de nuevo por el Gobierno egipcio, mientras que la Unión Europea ha realizado un nuevo llamamiento a una «transición que debe comenzar ya», según una declaración firmada por los jefes de Estado o Gobierno de los Veintisiete.

Con la plaza de la Liberación como epicentro del movimiento contra el régimen, las protestas se han extendido también a Alejandría, la segunda ciudad del país, y otras localidades como Suez, Port Said o Mansura. Ante el incremento de las presiones internas y externas, el régimen ha dado nuevos pasos para acercarse a la oposición, a la que ha pedido un documento que recoge sus principales demandas, según ha informado la televisión Al Yazira. De momento, el régimen ha insistido en que no aceptará la principal exigencia de los manifestantes, la marcha inmediata del rais. El primer ministro, Ahmed Shafiq, ha rechazado que el vicepresidente Omar Suleimán asuma las funciones de Mubarak en unas declaraciones a la cadena Al Arabiya que han sido recogidas por France Presse. Todo apunta a que el Gobierno, o al menos el núcleo duro en torno al presidente, quiere seguir el plan anunciado en el discurso de este el pasado martes y no realizar ningún cambio en la Presidencia hasta las elecciones de septiembre. En cualquier caso, se ha convocado un consejo de sabios -cuya composición era inicialmente secreta, aunque ha trascendido que hay destacados juristas y otras personalidades- para estudiar posibles salidas a la crisis política dentro de los actuales límites constitucionales. Mientras tanto, gana importancia en la actual situación el papel del Ejército, que hoy ha mediado para evitar nuevos enfrentamientos. La última cifra facilitada por el Ministerio de Sanidad señala que son 11 los fallecidos desde el miércoles y más de 5.000 los heridos. Sin embargo, la ONU ha hecho hoy alusión a «informes no confirmados que sugieren que más de 300 personas han sido asesinadas» desde el inicio de las protestas el 25 de enero.

A los comicios de septiembre no se presentará, aunque se lo permitan, el líder opositor Mohamed el Baradei, según ha asegurado al diario austriaco Der Standard. En esas declaraciones, El Baradei ha añadido que él sólo quiere ser «un agente para el cambio». Mientras, lo que no ha variado demasiado en El Cairo respecto a días anteriores es el intento de los esbirros de Mubarak de silenciar a los medios internacionales. Según ha denunciado Al Yazira en un comunicado, su oficina en la capital egipcia ha sido incendiada y destruida por «bandas de matones» afines al presidente. El Ministerio de Información ha negado estar detrás de este tipo de ataque, que ha calificado de «inaceptables». «Los periodistas internacionales han sido puestos en peligro por las mismas condiciones que han amenazado a los egipcios en aquellas regiones del país donde la seguridad no estaba garantizada», señala un comunicado del ministerio.

Estrictos controles

Horas antes del rezo, el Ejército ha intensificado los accesos a la plaza. Si bien estos días atrás los soldados que controlaban los accesos permitían la entrada a los grupos de personas que se acercaban, hoy el control es mayor y solo se ha permitido el acceso de uno en uno, lo que ha provocado numerosas colas para entrar. El mayor papel de los militares, posterior a la visita del ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantawi, hace unas horas, puso en alerta a los manifestantes, que comenzaron a rodear los carros de combate para evitar que sus movimientos les destrozaran sus barricadas caseras. El ministro, permanentemente rodeado de fuertes medidas de seguridad, ha dicho algunas frases a periodistas de EL PAÍS y la Cadena SER: «Egipto es un país fuerte. La situación está bajo control». Además, ha tratado de rebajar importancia a las protestas: «No todo el país es la plaza de la Liberación».

Por otro lado, el canal de televisión Al Yazira ha narrado cómo los manifestantes comprobaban esta mañana los documentos de identidad de las personas que accedían al lugar para que no se colara ningún policía o agente al servicio del Gobierno que pueda ocasionar disturbios como los vividos ayer y anteayer. El ambiente que se respira es de alegría y confianza en que la salida de Mubarak es un hecho. Las personas concentradas en la plaza están informados de lo que está ocurriendo fuera y de las negociaciones de los políticos como respuesta a sus protestas.

La presión a los periodistas internacionales presentes en la plaza ha continuado hoy, después de que ayer muchos sufrieran diferentes agresiones. Los militares les han quitado los pasaportes a primera hora, mientras esperaban la llegada del ministro de Defensa, pero este ha ordenado que los devolvieran tras su visita.

Choques violentos el jueves

La plaza de la Liberación se convirtió de nuevo ayer en el escenario de una batalla campal a pesar de que por la tarde los militares optaron por disparar al aire con el objetivo de disolver a la multitud enzarzada. A medida que crece la tensión, los círculos de poder más próximos a Mubarak temen que la dimisión del presidente no sea suficiente. Por eso no ha sorprendido que anoche el diario The New York Times filtrara que la Casa Blanca negocia con oficiales egipcios un plan para que Hosni Mubarak abandone el poder inmediatamente. El vicepresidente Omar Suleimán, exjefe de los servicios secretos y mano derecha dl presidente, lideraría el Gobierno de transición con apoyo del Ejército.

En una entrevista concedida a la corresponsal Christiane Amanpour, de ABC News, Hosni Mubarak , aseguró que la única manera de que no se instale el caos en la ciudad es su permanencia en el poder. «Me dio mucha pena ver a egipcios peleando entre ellos. Me hubiera ido, pero todo sería un caos», recalcó el presidente. «No me importa lo que la gente diga sobre mí. Me importa mi país, me importa Egipto», insistió.

Poco después el vicepresidente Omar Suleimán, hombre clave en la crisis, apareció en televisión para calmar los ánimos. No lo consiguió. Primero, porque es difícil calmar desde la pantalla a dos multitudes que se pegan con todo lo que tienen a mano, y porque la mayor violencia provenía justamente del bando gubernamental, que fomentaba el furor de sus fieles, armados en algunos casos con armas de fuego. Los muertos, según el Ministerio de Sanidad, llegan a 13 (una cifra destinada a crecer mucho cuando se conozcan datos reales), con miles de heridos. Segundo, porque no se pueden emitir mensajes contradictorios con la esperanza de que alguno funcione.

Desde el viernes pasado, cuando manifestantes y antidisturbios se enfrentaron con tremenda dureza, se había abierto un periodo de relativa calma y ánimo festivo, combinado con graves saqueos nocturnos, hasta que el miércoles el Gobierno lanzó a sus fieles y a sus matones (armados, organizados, muy peligrosos) contra la gente del movimiento del 25 de Enero y contra los periodistas extranjeros. A partir de ese momento, el centro de El Cairo se convirtió en el infierno.

Esa localización reducida del conflicto constituye un elemento muy importante de la crisis. Unos y otros han elegido la plaza de la Liberación y sus alrededores como campo de batalla. El resto de la ciudad y el país es otra cosa: grupos de matones, controles improvisados por ciudadanos-vigilantes organizados contra los saqueos, paralización, ansiedad, calles desiertas y comercios cerrados. La gran mayoría de los egipcios, afligidos por el desabastecimiento (el toque de queda y los controles hacen casi imposible el suministro de mercancías), el alza de precios, el cierre de los centros de trabajo y la desaparición del turismo, la mayor fuente de ingresos del país, desean sobre todo un desenlace rápido.

Fuente: elpais.com

Por Marta

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