El gobierno adeuda al venezolano más de u$s 5.700 millones por las importaciones de fuel oil. El escándalo de esta nueva deuda externa estalló cuando Guillermo Moreno accedió a los números energéticos. Por eso viajó De Vido de urgencia a Venezuela. El plan para pagarle a Chévez con áreas de YPF, expropiadas con la excusa de la falta de inversiones.

La Politica Online

Cristina Kirchner tomó conciencia en las últimas semanas que su gobierno está generando una nueva deuda externa: el país le debe a Venezuela unos u$s 5.700 millones por las importaciones de fuel oil, que instrumentó el ministro Julio de Vido para paliar la crisis energética.

Para tener una idea de la magnitud del problema económico que en la mayor opacidad y lejos de todo registro público está generando la actual gestión, la cifra se acerca semana a semana a la totalidad de lo adeudado al Club de Paris.

Guillermo Moreno pegó el grito en el cielo cuando descubrió la enormidad de la deuda, que hasta ese momento Planificación mantenía en reserva. Fue durante su ultima incursión en el tema energético, cuando avalado por Cristina pasó por encima de Roberto Baratta –mano derecha del titular de Planificación- y se metió en las profundidades de los intrincados negocios del sector que De Vido y su gente armaron en estos 8 años de gestión kirchnerista.

Pasado el chubazco, el gobierno reaccionó y comenzó a delinear una estrategia para afrontar la deuda, justo en medio de un proceso de ajuste y cuando lo que faltan son dólares. Esa es al menos la lectura que por estas horas se hace en el más alto nivel del mundo de las petroleras, sobre los motivos que explican la nueva algarada nacionalizadora que lanzó el kirchnerismo contra YPF.

Según esta versión en su reciente viaje a Venezuela, De Vido empezó a analizar con Chávez la posibilidad de entregare áreas petroleras de YPF como manera de ir pagando la abultada deuda. Una vía políticamente más viable que nacionalizar la compañía y meter al venezolano como accionista.

Esta estrategia requiere ir creando el “Caso YPF” para justificar las posteriores expropiaciones. Por eso De Vido reflotó la unión de gobernadores petroleros que apelaron a la vieja sigla de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (Ofephi) y debutaron con foto y cable de Télam en el despacho más importante de Planificación, exigiendo a las “petroleras” –en un mensaje a YPF- que aumenten las inversiones.

Esta movida se completó días después con un informe que desgrana la producción e inversión por petrolera –publicado ayer en exclusiva por LPO-, que deja mal parada a la petrolera de los Eskenazi.

En su nota de ayer, LPO reveló que Planificación estudiaba como una alternativa menos traumática que la nacionalización de YPF, quitarle las áreas que considerara poco invertidas. Para ello es vital la colaboración de los gobernadores, que son quienes pueden dar de baja las concesiones, como en su momento amenazó el mendocino Celso Jaque a Vila y Manzano reprochándoles el nulo cumplimiento de las inversiones comprometidas la licitarse las áreas.

Como tantas otras veces, transparentó esta línea de trabajo el diputado ultrakirchnerista Caros Kunkel quien ayer explicó que el gobierno no es “ni estatista ni privatista”, sino que se rige por otro tipo de pulsión: “o los concesionarios resuelven hacer las inversiones y nos dan a los argentinos de forma inmediata los recursos energéticos, o se caerán las concesiones”.

En esta estrategia, la punta de lanza parece ser el gobernador de Chubut, Martín Buzzi, el más activo en sus críticas a YPF. La elección no es casual, Buzzi tiene relaciones íntimas con los Bulgheroni de Pan American Energy, eternos rivales de YPF y generosos aportantes de la política chubutense que les retribuyó con la concesión por más de tres décadas del yacimiento de Cerro Dragón, el más rico del país. Además, por su pasado reciente como opositor está forzado a sobreactuar permanentemente su kirchnerismo.

La sociedad con Pdvsa

Lo nuevo es que esta embestida se engarzaría con la decisión de cederle esas áreas a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para que las explote por su cuenta o en sociedad con la estatal Enarsa. Se trataría en rigor de una pieza clave de un plan más amplio. En su reciente viaje a Caracas, De Vido anunció que Pdvsa construirá en la Argentina una planta refinadora con una inversión cercana a los u$s 2.000 millones.

Si bien en el mercado desconfían del anuncio –no es la primera vez que Pdvsa y Chávez prometen a De Vido megainversiones que nunca terminan de concretarse-, lo cierto es que el mismo forma parte de otra iniciativa anunciada durante la visita del ministro de Planificación: la creación de una empresa estatal binacional (integrada por Pdvsa y Enarsa) para producir unos 100.000 barriles de crudo por día en la Faja del Orinoco en el este de Venezuela, una de las zonas petrolíderas más ricas del mundo.

De hecho, esta versión rebotó con fuerza hoy en España, donde el diario económico Negocio planteó la alianza de Chávez y Cristina para competir con Repsol en el negocio de la refinería.

Sin embargo, a la petrolera de los Eskenazy lejos está de molestarle que la Argentina sume capacidad de refinación, ya que a diciembre del 2011 concentraba un 56,7% de la capacidad de refinación, quedando a tiro de las denuncias de monopolio y muy expuesto ante el gobierno ante cualquier faltante de combustible.

Tan evidente es la necesidad de aumentar la producción upstream, que también han anunciado proyectos de inversión en refinería las petroleras PAE y Petrobras.

La propia YPF quiere ampliar aún más su capacidad de refinación y prevé inversiones en sus refinerías de La Plata y Luján de Cuyo por más de 943 millones de dólares hasta 2014. Estas obras permitirían aumentar en La Plata la producción anual de gasoil y naftas en 612.100 y 1.131.100 m3, respectivamente, respecto de los niveles de producción de 2008. Mientras que en Luján de Cuyo, el incremento anual respecto de 2008 sería de 73.000 m3 en gasoil y 18.300 m3 en naftas.

De manera que apresurarse a buscar ganadores y perdedores en la novela que el poder va tejiendo en torno a YPF puede llevar a caer en gruesos errores de lectura. Es que en un mundo tan globalizado y complejo como el del petróleo, que articula los intereses más disimiles, las fronteras ideológicas o políticas se entrecruzan sin complejos.

Es decir, a nadie escapa que el presidente de Repsol, Antonio Brufau, tiene una muy buena relación con Chávez, que permite operar a Repsol en Venezuela sin mayores inconvenientes.

Como sea, esta y otras incógnitas acaso empiecen a develarse en las próximas horas cuando este hábil empresario catalán aterrice en Buenos Aires para entrevistarse con Cristina y conocer de primer mano las intenciones de los imprevisibles peronistas.

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