Tabaré Vazquez deberá superar el 46,7 por ciento que logró en la primera vuelta. En el balotaje peleará con Luis Lacalle Pou, que obtuvo el 30,8 por ciento. Las diferencias que marca con el presidente Pepe Mujica y la búsqueda de votos para regresar al poder.

La primera vuelta presidencial en Uruguay arrojó resultados que en poco contradijeron los que predecían encuestas y analistas: el 30 de noviembre el balotaje más reñido de los últimos diez años será entre el gobernante y progresista Frente Amplio (FA) y el opositor y centroderechista Partido Nacional o “Blanco” (PN). Tabaré Vázquez, que en 2005 fue ungido primer presidente frenteamplista en la historia uruguaya –antes que el saliente José “Pepe” Mujica–, obtuvo este domingo el 46,7% de los votos. Su rival blanco Luis Lacalle Pou, hijo del presidente Luis Lacalle, el 30,8 por ciento. En tercer lugar quedó el candidato del conservador Partido Colorado (P. Col.), Pedro Bordaberry, también hijo de presidente, y quien ya recomendó a su electorado votar contra el FA en el balotaje. Los resultados definitivos estarán recién el fin de semana, porque la Corte Electoral recuenta manualmente cada sufragio, informó la Revista Veintitrés.

Táctica y estrategia del balotaje. Para un partido que se llama Frente Amplio (FA), las alianzas y el frentismo todavía mas ampliados no parecen ser una opción para vencer en segunda vuelta. “El FA no está pensando tomar contacto con ningún partido en especial”, afirmó Mónica Xavier, presidenta de este “partido de partidos” de centroizquierda, una vez conocidos los valores seguros de la votación en primera vuelta. El propio ex presidente y candidato presidencial Tabaré Vázquez había prenunciado qué tipo de negociación sí habría: una negociación “con el conjunto de la ciudadanía”.
El Partido Nacional (PN), que quedó segundo y disputará el balotaje, ya consiguió el apoyo a título personal del candidato del Partido Colorado, el senador Pedro Bordaberry, aunque orgánicamente el partido no se pronunció. Herederos de las guerras civiles del siglo XIX, blancos y colorados fueron enemigos acérrimos en el siglo XX, cuando se dividieron el poder hasta que el izquierdista Frente Amplio, fundado en 1971 y combatido por la dictadura que se estableció en 1973, ganara las elecciones de 2004, justamente con Tabaré Vázquez como candidato.

La independencia de los independientes. El Partido Independiente (PI), que con su 3% de los votos tuvo un crecimiento de por lo menos un punto respecto de las elecciones del 2009, pasó a ser clave para desempatar. Pero su mayor dirigente, el candidato presidencial Pablo Mieres, aseguró que no está pensando inclinarse por uno de los dos rivales del balotaje. “Somos el PI y vamos a seguir marcando votos independientemente. Y lo segundo es que no vamos a hacer una negociación por cargos. Somos tan definidos que no nos acomodamos a ninguno de los dos bloques. Mucha gente lo ve como una debilidad, pero es una fortaleza”, declaró Mieres tras conocerse los resultados. Y como en el PI han confluido desencantados del FA y de los partidos tradicionales, resulta difícil anticipar su comportamiento electoral. Muchos analistas apuestan, de todos modos, que todos los perdedores sumados no alcanzarían a derrotar en el balotaje al FA, que según las proyecciones contaría ya con mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso.

La década ganada del FA. En diez años del Frente Amplio en el gobierno, la indigencia se redujo al 0,5%, la pobreza al 11,5%, la desocupación bajó al límite histórico del 5,7 por ciento; mejoraron el acceso a la atención médica gratuita y de calidad, la educación –que se benefició con partidas récord del presupuesto nacional–, la capacidad negociadora de sindicatos y de obreros y empleados. El salario real, una vez que la recuperación argentina después de la crisis de 2001 contagiara en sinergia a las dos orillas del Plata, subió un 25 por ciento. De algún modo, la crisis de aquellos años, anterior a la recuperación, fue una de las causas determinantes para que un número decisivo de votos se drenara desde los partidos tradicionales hacia el FA. A la presidencia de Vázquez, un austero médico oncólogo, siguió la del aún más espectacularmente austero ex líder guerrillero tupamaro, y ex preso político, José “Pepe” Mujica. Los últimos cinco años fueron de avances en los derechos civiles, progresos que Vázquez nunca había movilizado o alentado. El más vistoso de todos, que convirtió al Uruguay en laboratorio y vitrina mundial, fue la despenalización del uso de marihuana, seguida de la provisión pública estatal monopólica de cannabis para los usuarios declarados. Una medida que se ha legislado pero que espera su implementación (ver recuadro). No menos difundida fue la ley de matrimonio igualitario, después de que la norma fuese adoptada en la Argentina, y la despenalización del aborto.

El impulso y su freno. Más que auspiciar o encauzar estas normas, revolucionarias en un contexto regional que también lo era, Mujica dejó hacer a sus bases. Algo que no se puede decir que hubiese hecho Vázquez durante su período presidencial. Cuando en 2008 el FA votó en el Congreso la despenalización del aborto, el médico oncólogo presidente se apuró a vetarla, aduciendo motivos de conciencia. En un balotaje en el que el FA disputa votos al centrismo, Vázquez luce como el candidato más indicado para ganarlos.

Fuente: www.infonews.com