Yakarta.- Los vecinos aún le recuerdan y su antigua casa todavía sigue en pie, pero el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que se crió durante parte de su niñez en Indonesia, no visitará su antiguo barrio durante la breve visita que lleva a cabo a Yakarta. El presidente estadounidense se sorprendió de los cambios que se pueden apreciar en las calles de la nacón asiática.

El mandatario estadounidense vivió de los seis a los diez años en Indonesia, entre 1967 y 1971. Su primera casa, en Ramli Road, en el barrio de Menteng, aún se conserva como era entonces: un pequeño bungalow con cuatro ventanas a la calle, un porche y una fuente. Una de las diferencias es la gran valla que la protege, y por la que a duras penas se entrevé la vivienda. Su propietaria, residente en Medán, al norte de Indonesia, no quiere curiosos, explica Efe.

Lo que sí ha cambiado, y mucho, es el barrio en el que vivió el niño al que entonces todos conocían como Barry. Según recuerda su vecino Coenraad Samakoesoeman, cuando Obama y su madre, Stanley Ann Dunham, llegaron al vecindario, «esto era el extrarradio, estaba lleno de árboles. No había electricidad, ni agua corriente. Las casas las construimos nosotros mismos, el agua había que bombearla».

Dunham, que se había casado con el indonesio Lolo Soetoro, y su hijo causaron sensación en el barrio. «Entonces era muy raro ver a gente que no fuera indonesia. Todos nos preguntábamos ¿quiénes son? ¿qué hacen aquí?», explica Samakoesoeman en un correcto inglés, aprendido en su trabajo en las líneas aéreas indonesias Garuda.

Pronto la familia se integró en el área. El pequeño Barry comenzó sus estudios en la escuela católica Fransiskus Asisi, a la vuelta de la esquina de su vivienda y que acababa de abrir sus puertas. El recinto apenas tenía cuatro clases, donde estudiaban varias decenas de alumnos. «Todos somos musulmanes en el barrio, pero nuestros hijos iban todos a la Asisi. Nunca hemos tenido problemas de tolerancia, es el espíritu indonesio», según Samakoesoeman.

A esa escuela, que hoy día acoge a más de un millar de alumnos y ocupa una manzana entera, acudían tanto niños de casas pudientes como «otros que no tenían ni para zapatos. Obama jugaba con los unos y con los otros. El ha tenido esa experiencia de la pobreza, y ese espíritu de igualdad es algo que le inculcó su madre», recuerda su antiguo vecino.

Mientras Dunham preparaba su doctorado y daba clases de inglés en la sala de estar de los Samakoesoeman, el futuro presidente estadounidense jugaba con los niños del barrio a volar cometas. «Era un auténtico kampung, sonríe, utilizando la palabra indonesia para describir a los niños criados en las aldeas.

Quien le mantenía a raya, recuerda Samakoesoeman, era su madre. «Era una mujer muy especial. Brillante intelectualmente, pero también muy sencilla, una mujer que conectó muy bien con nosotros y con Indonesia, muy preocupada por los más desfavorecidos».

El propio Obama ha contado con frecuencia cómo su madre le levantaba a las cuatro de la mañana para darle clases suplementarias de inglés y matemáticas. Cuando él se quejaba, Durham le replicaba «esto tampoco es una fiesta para mí, muchachito».

Los Soetoro, como entonces se conocía a la familia, vivieron en Ramli Road tres años. En 1970 se mudaron a otra vivienda más grande, también en Menteng, pero en un área más acomodada. Barry dejó también de asistir a Asisi, para empezar el cuarto grado en la escuela pública Menteng 1, donde hoy en día una estatua recuerda el paso de un niño regordete y sonriente que llegó a convertirse en presidente de Estados Unidos.

Apenas permanecería allí un curso. Un año más tarde su madre le envió a Hawai, donde Obama había nacido y donde aún vivían sus abuelos, para que pudiera formarse en escuelas estadounidenses.

A los Samakoesoeman les hubiera gustado ver a Barry después de cuarenta años. Pero el presidente estadounidense ha optado por un programa completamente oficial, sin espacio para el pasado.

El mismo, sin embargo, volvió también la vista atrás en una rueda de prensa a su llegada. «Cuando visitas como presidente un lugar en el que has pasado tiempo de niño te sientes desorientado». «El paisaje ha cambiado por completo. Cuando yo llegué la gente se movía en carritos empujados a pedales … Ahora está lleno de automóviles».

«Claro que como presidente, no ves ningún tráfico -las carreteras están bloqueadas para dejarte pasar. Pero los olores, las sensaciones, todas son muy familiares», evocó Obama.

Fuente: EL UNIVERSAL

Por Marta

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