El presidente de Independiente es uno de los pocos dirigentes que se mantiene firme ante los barrabravas. Asumió hace poco menos de cinco meses, pero con diferentes medidas le puso límites a los violentos. Los fanáticos del fútbol lo ven como un líder en esta cruzada. ¿Quiénes deben ayudarlo?

Por Lucas Sawczuk | lsawczuk@infobae.com

No le es fácil. Lo vive en carne propia antes de asumir en la presidencia de Independiente. Él junto a los demás representantes de Independiente Místico, los mismos que, junto a miles de socios, pelearon contra un aparato gigante y poderoso como el que presidía Julio Comparada y luego Baldomero Álvarez. Con armas sencillas, nobles y hasta humildes, Javier Cantero arrasó en las elecciones y se convirtió en presidente, pero sabe que además de hacerle frente a una deuda millonaria –su gran prioridad- pelea frente a un grupo de violentos a los que nada les importa el sentimiento por el club.

Hubo aprietes en los partidos previos a las elecciones. Pablo “Bebote” Álvarez, el líder de la barra del “Rojo”, se encargó de apodarlo “Macetero”, de pedirle a los socios, vía Facebook, de votar a Julio Comparada y a “Cacho” Álvarez después. Claro, el propio jefe violento se llevaba una buena suma de dinero del club y no le convenía que otro dirigente, con intenciones de cortar todos los desbarajustes económicos que encabezó la gestión anterior, gane los sufragios.

Pero la gran revolución la encabezaron un grupo de socios de Independiente. Tras la salida de Antonio Mohamed, orquestada por la comisión anterior con apriete de barras y marcha fúnebre incluida, la mayoría de los hinchas reaccionaron y dejaron solos a los violentos. Sí, los apuntalaron con los dedos y los dejaron al desnudo. Fue una fría noche de miércoles, más precisamente el 7 de septiembre pasado donde los fanáticos y socios dijeron basta. Ocuparon la tribuna Sur y dejaron en la Norte a los barras, que pretendieron callar a sus propios hinchas amenazándolos con cuchillos, facas y trompadas. No hubo caso. Esta vez el miedo no pudo con la valentía.

Y Cantero siguió profesando sus ideas. Esta vez con la tranquilidad de saber que, con el apoyo social, el cambio era posible. Fue sorteando distintos encontronazos con los violentos. El primero, ni bien asumió, cuando el jefe de la barra le puso a disposición su renuncia. Tan insólito como increíble. El actual presidente cometió un error hace unos meses, cuando le compró banderas a los violentos para aportar con el cotillón. Se sintió traicionado, porque los barras aprovecharon el tropezón para hacer eco que el directivo los apañaba. Pero el tiro volvió a fallarles.

Cantero aceptó su desliz y ajustó las tuercas. Ahora le sacó las banderas del estadio, lo que terminó en una escandalosa apretada en la propia oficina del presidente en la sede de Independiente. Pero Cantero otra vez les hizo frente, y ayer, los hinchas le dieron el espaldarazo más fuerte desde que asumió en el club. No sólo los simpatizantes del “Rojo”, sino de todos los que quieren un fútbol sin violencia. De todas formas, aún no alcanza con un solo dirigente que se plante (Enrique Lombardi, de Estudiantes, también es otro ejemplo) y diga basta. Basta por sus socios, por el fútbol, por los hinchas.

Debería haber más Canteros en el fútbol argentino. Pero faltan ganas, más que valentía. El Coprosede, la policía, los demás directivos, la AFA, y en mayor porcentaje el Estado, deberán tenderle la mano para que esta lucha de todos los que aman el fútbol no fracase. La pelota pasó a ser parte de una película violenta desde que los directivos les dieron las llaves de los clubes a los barras. Es hora de retomar las riendas y cerrarles todas las puertas. El apoyo de los hinchas, demostrado y ratificado en las redes sociales, es un buen punto de partida. Dicen que la unión hace la fuerza, y en una de esas, desde más arriba, se acuerdan de que el fútbol también es familia.

Fuente: Playfútbol / Infobae

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