La pequeña isla nórdica del Viejo Continente rechazó el pago de la deuda externa y la aplicación de planes de ajuste para enfrentar la debacle, a diferencia de las grandes potencias. Hoy, es uno de los pocos países europeos que crece. ¿Grecia podría seguir sus pasos?

Por:
Ezequiel Dolber

Las recientes previsiones realizadas por la Comisión Europea no dejan lugar a dudas: Islandia cerró el 2011 con un crecimiento del 2,1% y en 2012 alcanzaría el 1,5%, mientras el resto de los países de la zona euro registran un estancamiento o, directamente, una recesión. Esta tendencia podría sostenerse, inclusive, durante el año próximo.

Cuando comenzó la debacle en 2008, Islandia fue uno de los primeros países en sufrir sus efectos. El gobierno conservador de Geir Haarde había convertido al país en uno de los centros de la especulación financiera, por lo que el colapso de la burbuja inmobiliaria tuvo un fuerte impacto sobre él.

Sin embargo, rápidamente comenzó una oleada de protestas ciudadanas contra el gobierno que se extendió hasta provocar la dimisión completa de los funcionarios y la formación de un Ejecutivo izquierdista. Las manifestaciones fueron conocidas como “La Revolución Islandesa” o “La Revolución de las Cacerolas”, por la utilización de los utensilios para la cocina en las movilizaciones.

Borrón y cuenta nueva

El flamante gobierno -compuesto por socialdemócratas, ecologistas y otras fuerzas de izquierda- convocó a un referéndum para determinar si correspondía el pago o no de la deuda externa que había adquirido el país, algo que fue rechazado de forma contundente por la población. Un 93% de las personas se pronunció en contra.

Por otra parte, el Parlamento islandés aprobó juzgar al ex primer ministro, Haarde, por su responsabilidad en el saqueo y crisis del país. Junto a él fueron detenidos y procesados un puñado de banqueros también implicados en el desfalco.

En paralelo, se desarrolló un rico y complejo proceso de participación ciudadana para reformar la Constitución que desembocó en la conformación de un proceso constituyente y la elección de un cuerpo de 25 miembros que elaboró una serie de modificaciones, aún pendiente de ser aprobadas por el Parlamento.

Grecia, ¿por el camino de Islandia?

El país nórdico se mantuvo relativamente aislado durante estos años del resto de las naciones europeas en la forma elegida a la hora de abordar la crisis financiera. La mayoría de los gobiernos optaron por seguir el camino trazado por Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy de utilizar fondos públicos para salvar a la banca, con un fuerte ajuste sobre la población –que incluye recortes en salud, educación, jubilaciones y salarios, entre otros.

Alexis Tsipras, el candidato «radical» en Grecia
Alexis Tsipras, el candidato «radical» en Grecia
El resultado fue un quiebre generalizado de los Estados, que se endeudaron muy por encima de sus capacidades, y un incremento vertiginoso de la protesta social, como se observa en España, Italia y Grecia.

Justamente, las elecciones en este último país revelaron el comienzo del fin de la política de ajuste: la población castigó con sus votos a las formaciones políticas que apoyaron el paquete de austeridad. En cambio, la organización Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) logró un crecimiento electoral sin precedentes y ahora se predispone a triunfar en los nuevos comicios parlamentarios.

El líder de la alianza de izquierda, Alexis Tsipras, ya anticipó que en caso de llegar al gobierno no cumplirá con el memorando firmado entre sus antecesores y la Unión Europea que establece un draconiano programa de recortes. Sin embargo, aclaró que permanecería en la zona euro.

Asimismo, la llegada de Francois Hollande al gobierno galo pone objetivamente en crisis el eje Alemania-Francia que venía piloteando el programa de ajuste en el Viejo Continente. ¿Habrá llegado la hora del borrón y cuenta nueva para toda Europa?

Fuente: Infonews

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