La influyente revista estadounidense hizo un repaso de la relación histórica entre USA y la Argentina, a la que definió como “una espina” para Washington. También supone que la llegada del gobierno de Cambiemos resulta “un catalizador” para un “reinicio” del vínculo tras la tormentosa convivencia con la administración K.

Por Urgente24

«La elección de Macri y sus primeras medidas reafirman este sentimiento y da buenos fundamentos para lanzar una nueva era de cooperación USA-Argentina», sostiene Foreing Affairs.

La elección de Mauricio Macri como Presidente «es el catalizador» para un «reinicio» de las relaciones entre la Argentina y USA después de «todo el drama de la era Kirchner», sostiene un artículo publicado por la influyente revista estadounidense Foreign Affairs, a propósito de la visita de Barack Obama a Buenos Aires la próxima semana.

Según la publicación, a pesar de la visión negativa que hay en la Argentina respecto a USA (sólo un 36% tiene una imagen favorable, de acuerdo a una encuesta de Pew), Obama puede sentirse «cómodo en el deseo de muchos argentinos» de ver normalizadas las relaciones del país con el mundo.

«La elección de Macri y sus primeras medidas reafirman este sentimiento y da buenos fundamentos para lanzar una nueva era de cooperación USA-Argentina», sostiene el artículo.

La nota firmada por el politólogo Omar G. Encarnación hace una repaso de la relación histórica entre los 2 países y define a la Argentina como una «persistente espina» del lado de USA.

El autor refleja que si bien la Argentina y USA comparten «valores políticos y lazos económicos robustos» éstos «no resultan suficientes» a la hora de mantener «relaciones diplomáticas estables».

Esos vínculos no evitaron -sostiene Encarnación- que la Argentina «haya visto raramente en USA a una nación para emular», ya que «tradicionalmente miró a Europa como modelo político, económico y cultural», tras su independencia y el inicio de sus relaciones comerciales con Gran Bretaña.

La «espinosa» relación USA-Argentina también se define por la «intensa rivalidad» por el «dominio regional» durante buena parte del Siglo XX. «Potencia económica casi desde el comienzo, la Argentina no fue tímido en confrontar con las ambiciones imperialistas de USA en América Latina», señala Foreign Affairs, que cita como ejemplo la «gran ofensiva» argentina contra la ‘Doctrina Monroe’ con la que Washington buscó expulsar la influencia europea del continente.

El artículo también menciona como factores de tensión entre las naciones la neutralidad argentina durante la II Guerra Mundial; el «desdén»por la política exterior estadounidense durante la ‘Guerra Fría’; y el «apoyo táctico» que USA brindó a la última dictadura militar en el desarrollo de la «Guerra Sucia».

En el inicio del Siglo XXI, con la crisis de 2001 a punto de estallar, «la administración Bush ignoró las súplicas por ayuda de los líderes de la Argentina y otros países de la región», recuerda Encarnación.

En cuanto a la llegada de los Kirchner, Foreign Affairs señala que la cuestión de los holdouts, tenedores de bonos que no aceptaron la quita propuesta por la Argentina, le valió al nuevo gobierno «la enemistad de Washington y otras capitales occidentales».

«Temas agravantes fueron el estilo de gobierno de los Kirchner, incluyendo la inclinación por avivar las llamas del antiamericanismo para cultivar apoyo, usualmente culpando a USA por el aislamiento económico internacional de la Argentina y apoyándose en Hugo Chávez, un declarado enemigo de USA», agrega.

Foreign Affairs también recuerda el trato hostil al que fue sometido George W. Bush durante la ‘Cumbre de las Américas’, celebrada en Mar del Plata en 2005, y la contra-cumbre (impulsada por el kirchnerismo) para repudiar su figura.

«Washington respondió a la provocación argentina aislando al país», sostiene el artículo y cita como ejemplo la visita de Bush a Brasil y a Uruguay en 2007, esquivando a la Argentina; y la gira sudamericana de Obama en 2011, en la que pasó por Chile y Brasil, haciendo de la Argentina “uno de los países más grandes en no ser visitado» por el flamante presidente estadounidense «durante la primera parte de su mandato».

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