«Se debe nivelar para arriba», solía decir ese gran pensador nacional que fue Arturo Jauretche cada vez que se refería a la necesidad de desarrollar y revindicar la cultura popular.

Artistas populares y un grosero error gubernamental

No es incorrecto que la Provincia haya invertido 5,8 millones de pesos para montar un escenario que sirve para que miles de turistas que veranean en la localidad turística más popular de la Costa Atlántica puedan acceder a recitales gratuitos. El ocio y la posibilidad de acceder a espectáculos culturales y manifestaciones artísticas es un derecho que tienen todos los ciudadanos.

La semana pasada, en ese escenario de “La Feliz”, actuaron artistas como los Pimpinela, Cacho Castaña, Palito Ortega y Soledad, quienes podrán gustar o no, pero tienen una trayectoria más que respetable, con numerosos seguidores, y hacen una música que no es ofensiva. El problema radica en el lugar que se les dio a los Wachiturros. Realmente, llama la atención que el gobernador Daniel Scioli, que suele rodearse de artistas y que gusta de las manifestaciones culturales, se haya equivocado tanto.

Lo popular nada tiene que ver con el mensaje que dan este tipo de grupos musicales, que suelen ser creados por empresarios que buscan beneficios económicos en los sectores más marginales de la sociedad. Marx hablaba de lúmpenes al referirse a los elementos de la sociedad degradados, desclasados y no organizados del proletariado urbano, así como aquella parte de la población que para su subsistencia desarrolla actividades al margen de la legalidad (delincuencia, corrupción, prostitución, etc.).

El propio análisis etimológico de la palabra Wachiturro es controvertido. Wachi alude a guacho, término que en la Argentina suele ser utilizado para referirse a una persona ruin o despreciable, mientras que turro es otra palabra que es usada para hablar de sujetos malintencionados.

El gobierno bonaerense podría haber visto lo que está sucediendo en otras zonas del país con la auténtica música popular. Por ejemplo, el festival de chamamé que se celebra en Corrientes está convocando a una verdadera multitud, atraída por manifestaciones artísticas que tienen un profundo arraigo en el litoral argentino.

Lo mismo puede verse en otros festivales folclóricos, donde artistas como Los Nocheros o “El Chaqueño” Palavecino también movilizan multitudes, con temas  que no incluyen letras que incentivan la violencia ni tienen un lenguaje soez. Además, hay numerosos grupos de rock nacional -que también representan una parte importante de la cultura popular (especialmente entre los jóvenes)- que tenían muchos más méritos artísticos para ocupar el lugar que se les otorgó a los Wachiturros.

Fuente: www.diariohoy.net

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