Gira oficial de cuatro días .La reina Isabel agasajó a Xi Jinping y a su esposa. Es la primera visita de un líder de China en diez años.

La  rígida y colorida pompa real británica junto a la inescrutabiidad china se unieron al comienzo de la visita de estado de cuatro días del presidente  Xi Jinping y su esposa, Peng Liyuan , la cantante, a Gran Bretaña. Un tour delicado, con denuncias de dumping del acero chino,  que forzó a la empresa Tata a anunciar el despido de 1700 trabajadores en su empresa en Gran Bretaña  y sumarse al cierre de Caparo, otro acería, que dejará en la calle a 1700 trabajadores en West Midlands.En ella gobierno de David Cameron busca asegurar negocios por 30.000 millones de libras esterlinas y generar 3899 puestos de trabajo . Las negociaciones se iniciarán tras esta espectacular y seductora bienvenida Royal.

La reina y el príncipe Felipe recibieron a la pareja china en un fantásticamente coreografiada ceremonia, con bandas, saludos en mandarín y revista de tropas. Antes de llevarlo a alojarse en la Suite Belga del Palacio de Buckingham, la misma que usó el presidente Barack Obama y su esposa. Después, un almuerzo privado , donde el presidente chino le regaló los álbumes de las canciones de su esposa a la soberana.

La decisión del príncipe de Gales de no asistir al banquete oficial por la noche, por las diferencias que el tiene con el régimen chino y su defensa del Dalai Lama, fue marcada por toda la prensa británica. Sin dar razones, decidió pasar la noche en su palacio de Escocia. Aunque debió invitar a la pareja presidencial a tomar el té en Clarence House, su casa en Londres , y recibirlos en el hotel Mandarin . Pero fue su esposa Camila la que paseó por el Mall con ellos y no el heredero británico, que llamó a los jerarcas chinos, en un extracto de sus diarios , “appaling old waxworks” (espantosas figuras de cera), después de su experiencia en la ceremonia de transferencia de Hong Kong a China. En la ceremonia oficial ,cuando sus padres recibían a la pareja presidencial china, el prefirió mantenerse en un riguroso segundo plano y no ser fotografiado con ellos. A todos sus encuentros solo estuvo permitido el fotógrafo oficial del palacio. Todo un símbolo del futuro.

Manifestantes pro Tibet , que reclamaban por los derechos humanos y el Dalai Lama, y simpatizantes pro chinos, administrados por la embajada, se cruzaron a lo largo del día en eParliament Square y en el Mall, que une el palacio con la Plaza de Tragalgar. Por allí pasó, entre los gritos, el presidente Xi junto a la reina Isabel, en una lujosa carroza dorada utilizada para el Jubileo real. En el Parlamento, el presidente chino debió soportar que el speaker John Berow elogiara a Narendra Mori, el “representante de la gran democracia” india, sugiriera que “hay que hablar tanto chino como hindi” , en la bienvenida al jefe de estado.El presidente Xi habló en mandarín ante los parlamentarios y los Lores en la lujosa Royal gallery , en la primera visita de estado en 10 años  de un líder chino.

“Los Parlamentarios son la crema de la sociedad”, dijo el presidente Xi ,en una de sus más controvertidas frases, tras admitir que dar este discurso en el neogótico edificio sobre el río Támesis, le daba la sensación de “volver atrás en el tiempo”. “Yo espero que ustedes continúen  promoviendo las relaciones británicas con China, fortaleciendo nuestra amistad y apoyando nuestra cooperación”, continuó.

Después de mencionar la “interdependencia” entre Londres y Pekín, llegó la hora de recordarles a los británicos el nuevo equilibrio de poder. “En China, el concepto de poner a la gente primero y respetar la regla de la ley emergió en los viejos tiempos” sostuvo el presidente. «”El primer código de estatutos fue compilado 200o años atrás” dijo Xi, en su discurso donde enfatizó dos principios muy británicos: “ley y orden”.Que tienen una aplicación muy diferente en China.

“Nuestro objetivo es asegurar que todos son iguales ante la ley”, sostuvo, tras agregar que el sistema socialista le da “características diferentes chinas”. «La prioridad es ley estricta, justicia tradicional y construir una nación que respeta la ley” aseguró. Pero los británicos entendieron que la ley para el partido comunista chino no tiene los mismos efectos que la británica. Sirve para el control.

En el banquete del palacio de Buchinghan, el presidente Xi y su diplomacia no podrían haber recibido más esplendora recepción. Parecía una tarjeta postal imperial. El jefe de estado chino fue sentado entre la reina y Kate, la futura soberana británica, mientras su mujer era acompañada por el príncipe Felipe, el esposo de la reina Isabel. Festival de tiaras, esmeraldas, refulgentes diamantes. Hasta el líder laborista Jeremy Corbin, en graciosa concesión, en jacket y moño blanco, dieron el marco de esplendor e imperio a una noche inolvildible para el presidente chino. Todo en un período de nuevas relaciones entre los dos países, con otro tono y un interés común: Hacer buenos negocios, sin los derechos humanos de por medio. Siempre y cuando Gran Bretaña no se vaya de la Unión Europea.

Fuente: Clarin