De regreso en el Vaticano, Benedicto XVI hizo un balance de su visita a México y a la isla caribeña, para la que también pidió «mayor libertad de religión». Vea el video

El Sumo Pontífice agradeció también las atenciones recibidas en León, México, donde pasó sus primeros tres días: «Tengo una profunda gratitud a la fila interminable de gente que me acompañó con entusiasmo a través de las calles. Me han estrechado sus manos en señal de saludo y afecto, de devoción por la Fe. En su alegría veo la esperanza de los cristianos mexicanos, esperanza que se ha mantenido viva en sus corazones a pesar del difícil momento que viven a causa de la violencia, la que he deplorado, en cuyas víctimas no dejo de pensar y, en algunos casos, he tratado de confortar personalmente».

En los párrafos más cargados de significado político, volvió a dedicarle especial atención a la situación de Cuba. «Al visitar Santiago, la segunda ciudad más grande de la isla, espero poner en evidencia las buenas relaciones existentes entre el Estado y la Santa Sede, con el objetivo de que la Iglesia local tenga una presencia viva y constructiva», dijo.

Pero además de las relaciones con el Gobierno de Raúl Castro, hizo foco en la opresión que no permite manejarse con libertad a quienes se oponen al poder en La Habana: «También he asegurado que el Papa lleva en su corazón las preocupaciones y las aspiraciones de todos los cubanos, particularmente de aquellos que sufren por las limitaciones a su libertad», aseguró Benedicto XVI.

Repitiendo la frase que caracterizó a su discurso en la capital caribeña, repitió que «Cuba y el mundo necesitan cambios», y que para realizarlos, se necesita estar «abiertos a la verdad, premisa imprescindible para llegar a la libertad».

Por último, si bien le reconoció a La Habana haber dado pasos hacia delante en cuestiones de religión, junto a la posibilidad de «proclamar y celebrar la fe en público», pidió profundizar esta tendencia con «mayor libertad de religión».

Imagen: Reuters

Infobae

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