La alarmante situación del ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires que dirige Estela Díaz pareciera estar tocando su punto más álgido. Las críticas a una gestión poco más que ornamental y políticamente correcta, pero con poca o nula injerencia en la triste realidad de la violencia de género, parecieran presionar cada día más el rol de un organismo que, si no toma medidas urgentes y precisas, está destinado a sellar su destino con un contundente fracaso.

Con un panorama similar a lo que ocurre con el ministerio de las Mujeres a nivel nacional, en el que su titular Elizabeth Gómez Alcorta se encuentra en el ojo de una verdadera tormenta de críticas, el organismo bonaerense que vela por la creación de políticas que provoquen un cambio transformador en la dura realidad de la violencia de género ha logrado poco más que conversatorios, charlas, conferencias y banderas, que en nada han incidido en la disminución de los femicidios, que en el último año aumentaron un 15 por ciento.

En este sentido, la última medida lanzada por la ministra bonaerense Díaz echa más leña al fuego. En efecto, el proceso de compra 474-0058-CDI21, ordenado por la subsecretaría de Políticas contra la Violencia de Género es todo un símbolo de la falta de utilidad del organismo. La presentación misma de la documentación es un festival de errores. Faltan las condiciones particulares, que fueron volcadas toscamente a los renglones en formato de texto, las condiciones generales no conducen a ningún anexo y se seleccionaron a dos proveedores, de los cuales uno se encuentra en estado de “proponente” y el otro como “no inscripto”.

Más allá del evidente amateurismo de quien se encarga de confeccionar y publicar los pliegos del ministerio de las Mujeres bonaerense, lo realmente preocupante es el objeto de la compulsa. La ministra Díaz aprobó el gasto de 1.3 millones de pesos en la participación de dos personas, Ana María Fernández, y la docente de la UBA, Elizabeth Verónica Ceneri, en jornadas conversatorias sobre violencia de género y la confección de informes y proyectos para su análisis.

Una vez más, conversaciones, charlas, informes, análisis, reuniones, pero nada -absolutamente nada –que cambie la realidad de las mujeres en el país. Diálogos de sobremesa, coffee breaks, desayunos y meriendas que poco y nadan tiene que ver con la violencia de género y los femicidios que sacuden con un nuevo caso cada 23 horas al país. Tal vez haya llegado el momento de evaluar la practicidad de un ministerio que tiene mucho de ornamental y poco de transformador.

*Fuente: REALPOLITIK

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