Después de rendir testimonio por cinco días, Anders Behring Breivik escuchó en silencio mientras otros describían el caos provocado por su atentado con explosivos en la zona de oficinas de gobierno en Oslo, descrita por un testigo como una «zona de guerra».

Expertos forenses explicaron las extensas lesiones en cuatro de las ocho personas que murieron por la bomba fabricada con 950 kilos (2.100 libras) de fertilizantes, en el atentado del 22 de julio. Breivik admite haber cometido el atentado y la posterior matanza a tiros de 69 personas —la mayoría adolescentes— en un campamento juvenil del Partido Laborista en la isla de Utoya.

«Se encontraron más de 100 partes de cuerpos en el distrito de gobierno», dijo Ole Morten Stoerseth, un policía que tuvo la tarea de identificar a las víctimas de la explosión.

Los familiares de los muertos sollozaron y se abrazaron mientras se presentaban en el tribunal los resultados de las autopsias. No se mostraron imágenes de las heridas de las víctimas en la corte, pero fueron distribuidas a los jueces, fiscales y abogados de la defensa, así como a los psiquiatras que examinarán a Breivik durante el juicio.

Breivik asegura que los ataques eran «necesarios» y que las víctimas traicionaron a Noruega al aceptar la inmigración.

Al igual que en los siete días que lleva el juicio, el fanático de extrema derecha permaneció el martes prácticamente inexpresivo. Sonrió cuando un guardia que estaba dentro del edificio atacado calificó de «totalmente absurdo» el motivo de los ataques.

El líder de la operación policiaca, Thor Langli dijo que reportes iniciales sugerían que había dos atacantes. Langli estaba junto al jefe del escuadrón antibombas en Oslo cuando le informaron de otro ataque en la isla de Utoya, a unos 40 kilómetros (25 millas) de la capital noruega.

Cuando una unidad antiterrorista llegó a Utoya unos 70 minutos después de los primeros reportes de la detonación en Oslo, Breivik ya le había disparado a unas 100 personas.

Langli pensó que eran dos agresores porque primero le reportaron que el atacante «no tenía aspecto nórdico», aunque en un segundo informe le indicaron que sí era un sospechoso con esas características.

Cuando el funcionario supo del segundo atentado, comenzó a pensar que eran actos de la misma persona. «No podía imaginar que hubiera dos personas con ideas tan locas», dijo en la corte.

Diariohoy.net

Deja una respuesta