«No voy a ocultar la decepción de mi gobierno ante la medida tomada”, dijo el embajador de Gran Bretaña en Chile, Jon Benjamín, sobre la negativa de la región de permitir el acceso a sus puertos de barcos con banderas de las Islas. Además, sostuvo que «mientras no se ponga en duda la soberanía, el Reino Unido está siempre dispuesto a conversar».

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INFOnews

El embajador de Gran Bretaña en Chile, Jon Benjamin, reveló hoy la «decepción» de su país por el apoyo de los miembros del Mercosur y sus asociados a Argentina, al negar el acceso a sus puertos a barcos con banderas de las Islas Malvinas.

«No voy a ocultar la decepción de mi gobierno ante la medida tomada por Chile, junto a los países que integran el Mercosur y sus asociados», afirmó Benjamin en una columna de opinión publicada por el vespertino La Segunda.

«Imponer a los isleños un futuro político sin tener en cuenta sus deseos, pretendiendo que otros puedan velar por ‘sus intereses’ sin preguntarles, equivaldría exactamente al tipo de ‘colonialismo’ que algunos profesan rechazar. ¿Sobre qué base democrática podría alguien dictaminar que los ciudadanos de las Islas Malvinas no tienen derecho de autodeterminación?», cuestionó.

«No tenemos nada contra Argentina», enfatizó Benjamin y subrayó que «mientras no se ponga en duda la soberanía de las Islas, el Reino Unido está siempre dispuesto a conversar».

Además lamentó que «las administraciones recientes de Argentina hayan tenido un enfoque menos constructivo» y advirtió que “participar de una política argentina contra la economía de las Malvinas sería indigno de cualquier país respetuoso del derecho internacional y de los principios del libre comercio».

En el mismo espacio de opinión, el embajador de Buenos Aires en Santiago, Ginés González, enfatizó que «Argentina, acompañada por Chile, América Latina y la amplia mayoría de la comunidad mundial, no renunciará jamás a sus derechos de soberanía».

Añadió que el país «mantendrá su actitud constructiva para alcanzar, por vía de la negociación, una solución pacífica y definitiva a esta anacrónica situación de colonialismo británico en suelo americano, que en el siglo XXI no resulta concebible”. “Algo que el Reino Unido se niega a escuchar y a aceptar», sentenció.

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