Icono de la Revolución, hoy no alcanza para revertir la escasez de alimentos que asola a millones de cubanos. El presidente Raúl Castro ha anunciado su desaparición gradual, en medio de una grave crisis económica

En vigor desde el 19 de marzo de 1962, tras la implementación de una ley «para la mejor distribución de los abastecimientos», la cartilla entrega a precios simbólicos frijoles, azúcar, pollo, huevos, arroz, aceite y pan, entre otros productos, a los 11,2 millones de habitantes del país.

En los últimos años, la libreta dejó de subsidiar productos como patatas y tabaco para «actualizar» el socialismo. Varios cubanos consultados en las calles de La Habana subrayaron que la libreta es un «alivio» y una «seguridad», y en su mayoría coincidieron en que el momento de «quitarla» no ha llegado.

«Donde entra un solo sueldo, hace falta la libreta», aseveró Andrea Sotolongo, una jubilada de 64 años que cree que «pasaría hambre» si tuviera que sobrevivir con su salario y sin la cartilla. Ingrid, una trabajadora autónoma de 30 años, indicó que se trata de una «ración mensual segura» que deberá mantenerse «por buen rato», porque «le garantiza algo a muchas personas que no pueden comprar alimentos a precios reales».

En 2010, el gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC) divulgó su plan de ajustes económicos en un documento que fue sometido a debate popular antes de ser aprobado en abril de 2011 por su VI Congreso y el tema que más polémica levantó fue el futuro de la libreta.

En un inicio, el PCC propuso su eliminación «ordenada» y advirtió de que la cartilla favorecía «tanto al ciudadano necesitado como al no necesitado», a la vez que propiciaba «prácticas de trueque y reventa» y «un mercado subterráneo».

El texto final, aprobado por el Congreso comunista, matizó que la desaparición de la libreta será «gradual».

En el discurso de apertura del VI Congreso del PCC en abril pasado, Castro consideró «lógico» que el tema acaparara las mayores opiniones del debate popular.

«Dos generaciones de cubanos han pasado su vida bajo este sistema de racionamiento que, a pesar de su nocivo carácter igualitarista, brindó durante décadas a todos los ciudadanos el acceso a alimentos básicos a precios irrisorios, altamente subsidiados», afirmó.

El mandatario recordó que la medida fue introducida «con una vocación igualitaria en tiempos de escasez», pero dijo que al pasar las décadas se ha convertido «en una carga insoportable para la economía y en un desestímulo al trabajo».

Tras medio siglo, algunos factores que motivaron la aparición de la cartilla se mantienen vigentes: el bloqueo económico y comercial que Estados Unidos aplica a Cuba desde 1962 dificulta y encarece las importaciones de la isla.

El Gobierno cubano considera la producción de alimentos como un asunto de «seguridad nacional», porque el país gasta más de 1.500 millones de dólares al año en importar el 80% de los víveres que consume.

Según datos oficiales, la rebaja en el crecimiento previsto del PIB cubano en 2011 se debió, entre otras causas, al incremento de esas importaciones por incumplimientos en la producción de algunos básicos como fríjol o leche.

Otros datos oficiales indican que la canasta familiar racionada cuesta anualmente al Estado 1.016 millones de dólares (25.692 millones de pesos cubanos al cambio oficial). El Gobierno ha ido «sacando» de la cartilla, paulatinamente, productos que ahora se ofertan a precios «liberados». En 2009 fueron las patatas, en 2010; los cigarrillos negros y rubios que se vendían casi a precio de costo, y luego se suprimieron artículos de higiene como jabones, pasta dental y detergente líquido.

La salida de básicos imprescindibles en la dieta de los cubanos (azúcar, arroz, fríjoles) depende de factores tan complejos en la Cuba actual como la reanimación de la agricultura, la relación precio-salario y el sistema de doble moneda.

Raúl Castro ha aseverado que el socialismo cubano no realizará «terapias de choque» ni dejará a nadie desamparado. Y ha dicho también que el problema de eliminar la cartilla no es de concepto: «Radica en cómo, cuándo y con qué gradualidad lo haremos».

Por Anett Ríos

Fuente: EFE / Infobae

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