Cromañón: cruces de familiares y vecinos por la calle Mitre

Los padres de las víctimas piden respetar el santuario y abrir una calle paralela para el tránsito. Pero los comerciantes de Once buscan reabrir Bartolomé Mitre y hacer un museo dentro del propio boliche incendiado.

La reapertura de la calle Bartolomé Mitre, dictada por la Cámara de Casación el miércoles pasado, dividió las aguas entre los familiares de las víctimas de Cromañón y los vecinos de la zona, entre los que quieren liberarla con inmediatez y los que se niegan rotundamente.

Los familiares y amigos de las víctimas, que en un principio amenazaron con encadenarse para evitar la liberación de la cuadra al 3000, ayer presentaron una solución intermedia: conservar el santuario en la esquina y abrir un camino paralelo para la circulación vehicular por la denominada plaza seca del Ferrocarril Sarmiento. “Fuimos al Tribunal 24 para que haga cumplir las condenas emitidas por Casación, pero también vamos a tomar contacto con los comerciantes de la calle Mitre y con las autoridades porteñas para llegar a una solución intermedia en el cierre y reapertura de la calle Mitre”, explicó Nino Benítez, papá de Alexis Benítez, una de las 194 víctimas de la tragedia.

Pero los comerciantes y vecinos de la zona se sienten perjudicados con el cerramiento de la calle. De hecho, en la cuadra donde estaba Cromañón, sólo funcionan dos negocios: un hotel de pasajeros y un hotel alojamiento, que para seguir trabajando debieron improvisar salidas por las calles laterales, Ecuador y Jean Jaures.

Este es el motivo principal por el que un grupo de vecinos, nucleados en la Asociación Balvanera Sudoeste, planteó en la Legislatura porteña abrir la calle Bartolomé Mitre, como dictaminó la Justicia, y armar el santuario dentro del boliche donde se originó la tragedia.

Según los autores de la iniciativa, allí serían trasladados “cuidadosamente” todas las fotos, prendas, zapatillas y recuerdos que ocupan la esquina de Mitre y Ecuador, cerrada al tránsito desde hace más de seis años.

Fuente: La Razón

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