Varios diputados y organizaciones ligadas a los islamistas se ven afectadas. Quedó en evidencia el mercado negro con el que financian sus planes. Aseguran que el líder, Hassan Nasrallah, está furioso

La cancelación de cientos de cuentas bancarias de partidarios de Hezbollah reavivó la tensión en el Líbano, donde el movimiento chiíta goza del apoyo de parte de la población a pesar de cometer sangrientos actos de terrorismo.

Si los bancos «continúan por este camino» podrían acabar cerrando más de «10.000 cuentas», ironizó el economista Ghazi Wazni. «Cualquier individuo vinculado al Hezbollah o empleado de una de sus organizaciones se vería afectado», agregó.

Las cancelaciones, iniciadas en mayo por orden del Banco Central, tienen como objetivo evitar sanciones estipuladas en una ley estadounidense adoptada en 2015 para obstaculizar la financiación del movimiento terrorista libanés.

La ley sanciona a las instituciones financieras que «faciliten todo tipo de transacciones» para la organización o blanqueen sus fondos. Y también castiga a los bancos que posibiliten operaciones en beneficio de un centenar de entidades y de personalidades acusadas por el Tesoro estadounidense de vínculos con Hezbollah.

Según los expertos, las medidas no perjudicarán de sobremanera las finanzas del movimiento chiíta, catalogado como grupo «terrorista» por Washington y que dispone de una «economía subterránea» (mercado negro) que escapa al sector bancario.

Sin embargo, esta decisión puso en un aprieto al grupo libanés: las medidas afectan a varios diputados y a algunas organizaciones de su red.

En junio pasado, el periódico Al Ajbar -cercano a Hezbollah- anunció el cierre de las cuentas de un hospital del movimiento chiíta y de una asociación que ayuda a familiares de sus soldados muertos en combate. «O sea cientos, o miles de cuentas», lamentó el diario.

«Agresión»

«Desde hace ya cuatro meses, cobramos el sueldo en efectivo, antes nos pagaban con cheque», afirmó un empleado de una organización de Hezbollah, que pidió permanecer en el anonimato.

Las medidas han enfurecido al movimiento chiíta, que acusa al gobernador del banco central Riad Salameh de «plegarse» a las peticiones de Washington. El jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah condenó a finales de junio «la agresión» de los bancos «contra los nuestros, nuestro público, nuestras familias».

«Hezbollah se enfadó porque la presión ejercida sobre su base popular» repercute directamente en el movimiento, estimó Wazni. «Se le responsabilizará de la cancelación de las cuentas de individuos, cuyo única culpa es la de ser hijo o hermano de uno de los directivos», añadió el economista.

Frente al celo de las instituciones bancarias, el Banco Central intervino para ordenar la reapertura de las cuentas de los diputados de Hezbollah y de algunas organizaciones caritativas del grupo extremista, pero aclarando los criterios que se deben seguir.

«El Banco Central no quiere controlar todas las cuentas, sino sólo a los que realicen operaciones excepcionales que llamen la atención y que puedan usarse para financiar al movimiento», explicó Hassan Moukalled, redactor jefe de una revista económica y mediador en este conflicto.

«Mercado negro»

El tema es delicado, y el secretario general de la asociación de bancos libaneses, Makram Sader, lo resume así: «Los bancos aplican la circular del Banco Central y los mecanismos de aplicación decididos por los órganos de control».

El 12 de junio se cometió un atentado con bomba contra el Banco de Líbano y Ultramar (Blom Bank), uno de los más importantes del país.

El grupo terrorista Hezbollah fue creado en 1982 por los guardianes de la revolución de Irán, país que lo financia y arma desde entonces. «Recibimos (de Irán) dinero y no pasa por los bancos. (…) Ninguna ley puede impedirnos recibirlo», afirmó en junio Nasrallah.

Mukalled estimó que «en la actualidad no se puede afirmar que Hezbollah disponga de una economía estructurada (…). Existe una economía declarada y otra subterránea».

(Infobae, Con información de AFP)