En Brasil, la mandataria suspendida, Dilma Rousseff, negó todas las acusaciones en su contra y declaró que empleará «todos los instrumentos» para ejercer su mandato «hasta el fin». «Voy a luchar cada día, cada minuto contra este impeachment», aseguró Rousseff. Entretanto el equipo de Michel Temer, el presidente sustituto, ya evalúa sus posibilidades para privatizar algunas empresas que componen el conglomeradod e Petrobras.

Por Urgente24

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff concedió al portal ruso Russia Today la primera entrevista televisiva desde que el pasado 12 de mayo el Senado de su país iniciara el proceso de ‘impeachment’ por el cual la mandataria ha sido suspendida de su cargo de manera temporal.

Dilma Rousseff negó todas las acusaciones en su contra y declaró que empleará «todos los instrumentos» para ejercer su mandato «hasta el fin».

Asimismo, afirmó que el ‘impeachment’ en su contra es un un chantaje de la oligarquía y que el nuevo Gobierno de Brasil está dominado por políticos neoliberales. «Voy a luchar cada día, cada minuto contra este impeachment», aseguró Rouseff.

Rouseff explicó que a ella se la juzga por algo que nunca antes fue considerado delito y que realizaron todos los anteriores presidentes de Brasil. De ahí que cree que se trata de un golpe sin armas puesto que no han habido delitos de responsabilidad.

«Me juzgan por una cuestión pública, por problemas de crédito suplementario, algo que todos los presidentes antes de mí hicieron. Nunca fue un crimen y no se va a convertir ahora en crimen cuando no había ninguna disposición que lo estableciera como tal», aclaró la mandataria.

«Brasil tiene un régimen presidencialista», recuerda Roussef, y, por tanto, «no es posible apartar al jefe del Estado y de Gobierno sin que exista un delito». Por lo que, concluyó, «es un golpe porque la propia Constitución explicita que es necesario que haya delito de responsabilidad».

«Creemos que lo que está pasando en Brasil es un intento de sustituir a una presidenta totalmente inocente, que no está imputada en ningún juicio por corrupción, para que el programa que perdió las elecciones brasileñas en 2014 pueda, sin pasar por las urnas, llegar a controlar el Estado brasileño», destacó Rousseff.

A juicio de la mandataria, «es un programa que pretende reducir al máximo nuestros programas sociales» y «acabar con esos derechos» al imponer una «política antinacional en lo que se refiere, por ejemplo, a los recursos petrolíferos del país».

Temer ya piensa en privatizar

Mientras tanto, el equipo del presidente interino de Brasil, Michel Temer, podría vender algunos activos del Estado para apuntalar las cuentas públicas como la eléctrica Furnas Centrales Eléctricas y BR Distribuidora, unidades de la empresa estatal Petróleos Brasileños (Petrobras).

Un grupo de trabajo del Ejecutivo brasileño, según recoge Bloomberg, estaría trabajando en este proyecto cuyo fin es mejorar el déficit presupuestario al que se enfrenta el país y hacer más eficientes las empresas estatales. Se trata de una nueva muestra de la intención de Temer de distanciarse de su antecesora, la depuesta Dilma Rousseff.

Solo unos días antes había conocido la intención del líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de dar marcha atrás a algunas de las medidas económicas de la mandataria brasileña para aportar las suyas. Entre ellas destacan el recorte del gasto público, la reforma de las pensiones y la reducción de algunos impuestos.

En cuanto a las privatizaciones, el mandatario brasileños debe ser cuidadoso, puesto que muchos brasileños siguen viendo en empresas como Petrobras una de las enseñas nacionales a pesar de la crisis en la que se encuentra por culpa del escándalo de corrupción que la asola. Aunque la venta del negocio eléctrico es algo que siempre ha pivotado en el Gobierno debido a que la petrolera se ha enfocado, precisamente, en el oro negro.

Temer está dando prioridad a llenar las arcas públicas lo más rápido posible en medio de una de las peores crisis a las que se ha enfrentado el país latinoamericano. La situación política, que se ha saldado con la salida del poder de Rousseff por 180 días a favor de Temer, también ha sido un revulsivo y un motivo de preocupación para los brasileños.

A eso se le suma que muchos de ellos no están de acuerdo con el modo en el que el ahora presidente ha llegado al poder. Hay quien hubiera preferido ir a las urnas en lugar de tener un presidente que ha sido impuesto y al que no han votado. Hay que recordar que Temer fue el segundo de Rousseff en su equipo presidencial y que era, sin lugar de dudas, el candidato más factible.

El otro era Eduardo Cunha, el suspendido presidente del Congreso de los diputados que finalmente no ha tenido demasiado que hacer. Su relación con el escándalo de Petrobras y su salida de la Cámara Baja han pesado más que cualquier otra opinión. Así las cosas, es Temer quien ahora toma las decisiones y parece estar apostando por la privatización como modo de financiación.

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