Así lo indicó a La Política Online el ex presidente de Quickfood Luis Bameule, quien advirtió: “Los grandes operadores están regalando sus frigoríficos”. Dijo que en el sector de las carnes “hay que elaborar políticas de Estado que atraviesan gobiernos como hizo Uruguay”. Su análisis sobre la pérdida del liderazgo mundial de la Argentina en el sector y las críticas al kirchnerismo.

La Politica Online

En el año 2007-quizá previendo lo que se venía para el sector ganadero- Luis Bameule tomó la mejor decisión empresarial de su vida: vendió el 70,5% del capital accionario de Quickfood al Grupo brasilelño Marfrig a un precio de u$s 140,8 millones.

Apenas dos años después de deshacerse de su empresa –aunque permaneció en el directorio de la firma con un sueldo oneroso- la industria frigorífica ingresó en una crisis terminal por las políticas que el Gobierno implementó en el período 2006/2009.

En la actualidad -a partir de la experiencia y el liderazgo que acumuló a lo largo de los años- Bameule es un empresario de consulta permanente en el sector de ganados y carnes con una visión sumamente crítica de la actual política ganadera del kirchnerismo.

Licenciado en Administración de Empresas de la UCA, casado y con 6 hijos, el ex presidente de Quickfood dialogó con La Política Online y analizó la situación de la cadena de la carne en el marco de las Jornadas Técnicas Forratec 2012.

-¿Cómo analiza lo ocurrido en el sector ganadero en los últimos años?

Argentina es un caso muy especial. En 2005 el país tuvo un salto exportador luego de la aftosa de 2001. Pero Argentina mintió, no denunció que tenía aftosa y fue tomada in-fraganti desde afuera y eso se paga muy caro. Existe la autodenuncia y en poco tiempo los mercados vuelven a recuperarse. Los países fueron muy reacios a reconocer a la Argentina por la falta de confianza, que en términos internacionales es clave. En 2001 se exportaron apenas 150.000 toneladas, pero en 2005 la Argentina llegó a 750.000 toneladas. Éramos el tercer exportador mundial, habíamos vuelto a jugar en las ligas mayores. Pero en ese momento el Gobierno se asustó porque subía el precio del ganado. Había una gran demanda interna y externa. El Gobierno decide aumentar del 5% al 15% las retenciones y elimina la devolución de los impuestos. Esto produce una queda en la confianza y en el entusiasmo de los productores. Muchos se pasaron a la agricultura. Eso continuó y vinieron medidas para amortiguar el precio del ganado. Eso se tradujo en una caída de las exportaciones forzada por los ROEs, prohibiciones transitorias para exportar y Argentina perdió peso como exportador. Ninguno de nuestros competidores tiene retenciones. Ninguno tiene que sacar un permiso previo antes de hacer un embarque. Eso sacó a Argentina de las ligas mayores del comercio exterior. Solamente se vio un pico en 2009 que fue una liquidación por sequía porque mucha gente terminó de liquidar stocks y planteles que tenía. El stock de 2005 a 2009 se cayó en 11 o 12 millones de cabezas y empezó a faltar oferta para los dos mercados: para la exportación y para el mercado interno. En el 78 Argentina representaba el 15% de la oferta mundial de carne. En 2011, sobre un mercado de 8 millones de toneladas, representamos apenas el 3%. Bajamos del segundo al octavo lugar como exportadores, con el agravante de que tampoco lo consumimos acá.

-¿Por qué considera que pasamos a un segundo plano siendo que históricamente fuimos líderes como exportadores y consumidores?

Esto es el reflejo de políticas cambiantes que se van tomando de acuerdo a las épocas. Uno piensa que los funcionarios deberían tenerlo en mente antes de tomar decisiones, pero en la práctica la variabilidad de decisiones es tan grande, que como mínimo paran al inversor. Hoy no hay entusiasmo inversor a pesar de los buenos precios del ganado. Los productores se preguntan, ¿para qué me voy a complicar con la ganadería? Mi conclusión es que el sector de ganados y carnes es una cadena larga como la energía o la lechería, desde donde el eslabón inicial hasta el último hay periodos largos. Nadie construye un frigorífico para aprovechar la temporada de este año. Con los cereales uno toma decisiones de una temporada, de medio año. En sectores como carnes se toman decisiones de largo plazo. Y cuando las reglas son de corto, el que tiene que tomar la decisión de largo piensa, se detiene. Por eso tenemos los grandes estrangulamientos de oferta en rubros como energía, carne o leche. Hay imprevisibilidad en las reglas de juego, por eso nadie se anima a hacer un contrato de largo plazo.

-¿De qué manera influyen los constantes cambios políticos en este negocio?

La cantidad de cambios terminan desalentando al inversor. Todas las quitas de reintegros, retenciones y ROEs, que únicamente existen en la Argentina, va en contra de lo que hacen el resto de nuestros competidores. En el mundo las licencias para exportar se hacen por Internet. Este permiso acá puede demorar 10 días y es muy probable que el cliente opte por otro proveedor que da respuestas más rápidas. Hemos tenido cupos semanales para exportar. Ósea, la semana que viene se puede exportar tanto, la otra no sé. Tenemos la famosa “barata de carne”, que significa que alguien que recibe permisos para exportar tiene que ofrecer algunos cortes a precios populares en el mercado local al cliente que se le indique. Hay que vender el asado en el orden de los 6 pesos y el que recibe este precio lo pone media hora en oferta y después lo sube a precios de mercado. Esto implica un costo adicional para el exportador, una retención privada de 8 o 10 puntos que lo tiene cuando quiere exportar.

-¿Cómo evalúa los sucesivos incumplimientos de la cuota Hilton?

Argentina ha luchado muchos años para tener un cupo con aranceles diferenciales en la Unión Europea. La cuota empezó en 5 mil toneladas en el 82 y hoy es de 30 mil y debe distribuirse entre todos los frigoríficos. En cualquier país normal cuando uno más exporta cortes no Hilton, más cupo recibe. En la Argentina hay como ocho variables que inciden en la entrega, desde la distancia del frigorífico, hasta cuanto vende en el mercado interno. Lo cierto es que hace 3 años la Argentina no la cumple porque no salen los permisos de exportación. Y esto es otro papelón internacional porque en las oficinas comerciales internacionales pedimos que nos amplíen el cupo y acá hacemos todo lo contrario. Lo peor es que Argentina pierde un ingreso muy grande por este incumplimiento.

-¿En qué situación se encuentra actualmente la industria frigorífica?

A la industria le está yendo muy mal en los últimos dos años por la materia prima cara y el tipo de cambio bajo. Los operadores grandes se han ido retirando, regalando sus fábricas. Cuando una fábrica se entrega a valor cero significa que algo grave está pasando. La industria está pagando sueldos muy altos apretados por el ala sindical y sabe que no lo va a poder resistir mucho tiempo más. No hay un equilibrio en el sistema ni una atmósfera propensa a invertir. Tenemos una enorme atomización industrial. Hay 520 frigoríficos y más de 100 cerrados. El sistema no aguanta tanto costo fijo. Para ser grandes en el mundo hay que tener cierta escala. Unos 50 o 60 frigoríficos importantes. El cambio vendrá cuando todos juguemos en la realidad y en la transparencia del mercado.

-En este contexto, ¿ve posible que crezca el stock ganadero nacional?

El stock dejó de caer el último año porque se inició un proceso de retención sin demasiada convicción. Ósea, se cortó la liquidación de hacienda. La última sequía provocó una cierta sobreoferta que duró hasta hace 10 o 15 días, y de nuevo empezó la retención. El número de 50 millones de cabezas no va a bajar. Pero lo que le hace falta al país es volver a crecer. En general las decisiones se han ido tomando para mañana y pasado, no pensando a futuro.

-¿Qué medidas debieran tomarse para volver a las 60 millones de cabezas de 2007?

Hay que elaborar acuerdos que atraviesen los partidos. La eliminación de impuestos (retenciones) y subsidios es una. Hablo de impuestos distorsivos, de aquellos que se han agregado para sumar recaudación. La demanda internacional de cortes de calidad subsidiarían a los cortes populares en el mercado interno. Tenemos la ventaja que nadie en el exterior demanda asado o colita de cuadril. Lo que tiene demanda de la Argentina es el lomo. Y el secreto del frigorífico es colocar lo que más vale. Vendiendo todo eso otro en el exterior, se podría vender más barato acá. Entender esto es sencillo, pero no se traduce en las medidas. Hay que asegurar trabajar en serio para jugar en primera. Juntarnos con el Mercosur para hacer una política antiaftosa en conjunto.

-¿Cómo estamos en relación a nuestros principales competidores?

En Uruguay los partidos políticos se pusieron de acuerdo en no tocar a este sector. Atravesaron tres gobiernos de distinto signo y ninguno cambió las reglas. El no cambiarlas ya es un seguro muy grande para el inversor y los resultados están a la vista en Uruguay. Las políticas de Estado atraviesan los gobiernos. Hay que eliminar el sistema de subsidios y retenciones. No hay que dar ningún regalo ni poner impuesto a la exportación. Las retenciones es un tema muy serio porque no lo hace ningún país del mundo. Si queremos exportar, ¿por qué razón grabamos las exportaciones? De esta manera lo único que causamos es que el frigorífico que opera en Argentina tiene que ser 15% más eficiente que en Uruguay, Brasil y Paraguay.

-¿Qué hay que hacer para volver a superarlos?

Hay que hacer productos con mayor valor agregado, hay que diferenciarse del resto, la marca argentina ayuda mucho en el mundo. Hay que producir atado a Messi, que es un embajador en todo el planeta. El otro camino es ir a poner el producto en el exterior. La carne argentina tracciona además sobre otros productos. La combinación de la carne con el Malbec es muy buena, y la gente paga por eso. Lamentablemente por el cierre de exportaciones los restaurantes argentinos en España funcionan con carne uruguaya.

– Por último, ¿por qué considera que Argentina tiene condiciones únicas para ser líder a nivel mundial?

Las características históricas de la Argentina siguen estando. La buena genética o la cultura frigorífica. El operario argentino sabe procesar la carne vacuna y no todos los países lo saben hacer. Chile quisiera tener estas características porque ha abierto todos los mercados, pero no tiene la capacidad para producir y la cultura argentina que es uno de los argumentos fuertes para ser un gran jugador. Tenemos alimento abundante para el ganado. Podemos ir a todos los mercados. Argentina tiene esta característica, se nos reconoce además en el resto del mundo. Cualquier japonés se va a comer un bife a Puerto Madero y habla maravillas porque la carne argentina tiene un respeto afuera todavía junto con el fútbol y Maradona. Pero este respeto puede perderse si se siguen haciendo las cosas mal.

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