Tragedia aérea en Egipto.El gobierno británico fue cauteloso sobre la hipótesis de la bomba en el Airbus que cayó y dejó 224 muertos el sábado.

Con 20.000 británicos anclados en la playa egipcia de Sharm el Sheij sin poder regresar a Gran Bretaña porque el gobierno ordenó la suspensión de todos los vuelos por razones de seguridad y el presidente y dictador egipcio, general Abdel Fattah al Sisi, en primera visita al reino, el primer ministro David Cameron se debate en un confuso dilema. ¿Fue o no fue una bomba del Estado Islámico la que hizo caer al avión ruso de Metrojet sobre el Sinaí, con más de 200 pasajeros, y que lo llevó a tomar esta drástica decisión? Aún después de haber hablado el sábado por teléfono con el presidente ruso Vladimir Putin, quien le pidió esperar la investigación oficial.
¿A cuál de las dos versiones de Cameron hay que creer? En 24 horas cambió su historia dos veces, cuando los británicos en Egipto se enfurecían en el aeropuerto y en el hall de los hoteles. El premier dijo que “una bomba podría ser la causa del accidente”, apoyándose en información de inteligencia que no reveló. El canciller británico Philipp Hammond anunció el jueves por la mañana que la bomba del ISIS era “una alta probabilidad”. El problema “era de seguridad de aviación” y Sharm El Sheij era un lugar “seguro”. Luego, cuando el general Al Sisi ya estaba en Downing St y en conferencia de prensa, el primer ministro británico se desdijo. Aclaró que la decisión de suspender los vuelos se produjo “por inteligencia y consejo” y aclarando que no hay certezas de que una bomba haya bajado el avión. La pregunta es de dónde sacó la información original Cameron para actuar en solitario. Entre los expertos en seguros de accidentes de aviación en Londres se especula con que el gobierno irlandés habría provisto “algunos datos sobre evidencias de bomba” a los británicos. El avión caído está registrado en Irlanda.
“Yo creo que fue correcto actuar en la forma en que actuamos. Mi rol es actuar de la manera correcta para mantener a nuestros ciudadanos seguros y seguros es poner la seguridad primero”, se defendió el primer ministro británico en la conferencia de prensa, con un incómodo general Al Sisi al lado. Con manifestantes frente a la puerta de Downing St a favor y en contra de Al Sisi por sus abusos a los derechos humanos, la prensa acorraló a Cameron. Le preguntaban por qué sólo Gran Bretaña suspendió los vuelos cuando otros países no lo habían imitado hasta entonces. Por qué no compartía con Rusia la información de inteligencia que tenía. El general Al Sisi tampoco se salvó de las preguntas incómodas. ¿El no consideraba una interferencia que Gran Bretaña dijera que los egipcios no podrían manejar la seguridad del aeropuerto con eficacia? Las preguntas eran más directas que las respuestas.
Fue Sisi quien reveló que los últimos expertos británicos que habían chequeado la seguridad del aeropuerto. “Fue 10 meses atrás, a pedido de Londres”, y la habían considerado lo suficientemente buena, tras los cambios exigidos en el chequeo de pasajeros y valijas.“Ellos estaban felices con esto. Nosotros continuamos listos a cooperar con todos nuestros amigos” para la seguridad de los turistas extranjeros”, dijo el general. Cameron sostuvo que “ambos países están trabajando intensamente juntos en el espíritu de cercana cooperación”. Y aseguró: “Es nuestro mutuo interés discutir este tema y volver a la normalidad lo más rápidamente posible”.
Un encuentro y decisión difícil para Cameron, que pretende vender armamento inglés al general Al Sisi, luego de que Francia consiguiera transferirle los barcos militares Mistral, que le canceló a Rusia, y los caros aviones de combate Rafale. Lo que ninguno dijo es por qué el miércoles pasado dos expertos de aviación británicos visitaron, tras el atentado, el aeropuerto de Sharm El Sheij, encontraron serios problemas de seguridad en el “screening” de valijas, su despacho y el control y llamaron inmediatamente a Downing St y al Foreign Office para alertarlos. Esto trajo como consecuencia esta drástica medida, que va a afectar profundamente la fragilizada economía del turismo egipcia en pleno Sinaí, donde el Estado Islámico y sus aliados están activos.
Con las fuerzas especiales y aviones militares británicos en el aeropuerto de Sharm el Sheij para ayudar en la evacuación, las compañías británicas anunciaron que comenzarán el traslado de los turistas desde este viernes. El proceso llevará al menos 10 días. Los pasajeros no podrán viajar con valijas en la bodega del avión. Simultáneamente Lufthansa y las compañías de chárters francesas anunciaron la cancelación de los vuelos a Sharm al Sheij, en nombre de la seguridad de sus pasajeros. La diferencia es que no son muchos los turistas franceses y alemanes que viajan al área por su preocupación frente al terrorismo, tras la muerte de los turistas mexicanos en Egipto, la fragilidad de Luxor y el valle de los Reyes y el atentado en Túnez.
Gran Bretaña adoptó su decisión sin consultar ni darle información de inteligencia a Egipto y a Rusia. Cameron dijo que llamaría el jueves al presidente Vladimir Putin para explicárselo. El otro gran interrogante es como reaccionará Putin ante esta decisión británica y si se comprueba que el Estado islámico bombardeó sus aviones. Una provocación para que ponga “botas rusas en terreno”, en un territorio donde puede terminar peor que la invasión soviética en Afganistán.

Fuente: Clarin