Si bien hace 3 años Barack Obama se comprometió a cerrar la prisión extraterritorial que USA mantiene en suelo cubano, 10 años más tarde, el centro de deteción sigue abierto y alberga a aún a 171 prisioneros.

«Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas», del matemático y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, más conocido bajo el seudónimo de Lewis Carroll, popularizó la expresión «feliz no cumpleaños» para celebrar todos los días excepto el del cumpleaños propiamente dicho. El mundo al revés que conplemeta al «regular». Despues de todo, en el cumpleaños se podrá decir, simplemente, «feliz cumpleaños».

No es ese el caso de la prisión de Guantanamo. Allí no hay nada que festejar, menos hoy que se cumple una década desde que se pusiese en funcionamiento.

En 2009 Barack Obama aseguró sobre Guantánamo que «no hay respuestas fáciles pero me niego a dejar que este problema siga empeorando. Ni nuestra seguridad ni nuestra conciencia ni nuestros tribunales nos lo permiten». Se comprometió entonces a cerrar la prisión en menos de 12 meses.

Tres años después al presidente estadounidense parece habérsele olvidado sus propias palabras porque la cárcel de Guantánamo sigue abierta. En ella quedan 171 prisioneros. Se cumplen 10 años desde su negra inauguración en la isla de Cuba. Su función: detener e interrogar a espaldas del mundo a presuntos «combatientes enemigos», un tecnicismo de la Administración Bush para denominar lo que se convertiría en símbolo de tortura y arbitrariedad.

Su futuro está en el aire. De hecho, la semana pasada Obama firmó una ley que permite al Ejército arrestar a cualquier presunto terrorista de forma indefinida dentro o fuera de USA. La cárcel, que llegó a albergar a 775 prisioneros, vio la luz en la era del presidente George W. Bush para interrogar sin límite de tiempo a las personas capturadas en Irak o Afganistán.

Sin embargo, el límite no es sólo temporal. Abundan los informes relativos a busos y torturas a los detenidos.

El problema con el que se encuentra USA para cerrar la prisión es justamente qué hacer con sus presos. Ningún país quiere acogerlos y existe un limbo general acerca de su staus jurídico. La base naval tiene hoy 2.100 soldados de los que 1.500 trabajan directamente en el centro. A los estadounidenses les cuesta al año US$ 137 millones. Y a Obama el valor de su palabra.

Hace unos días el presidente estadounidense firmó una ley que autoriza al Ejército a arrestar indefinidamente a cualquier presunto terrorista dentro o fuera de USA. Una solución al problema que suponen los 30 reclusos considerados muy peligrosos cuyo juicio no tiene visos de prosperar, ya que la mayoría de las pruebas en su contra fueron obtenidas bajo tortura.

Una decisión criticada por la izquierda del Partido Demócrata y por los activistas proderechos humanos. Para una de las mayores organizaciones defensoras de los derechos civiles en USA, la ACLU, esa ley supone una «nueva ruptura con el Estado de derecho.

Los repúblicanos, tampoco

La Casa Blanca no es la única que intenta pasar de largo sobre la situación. Ninguno de los candidatos que optan a la nominación republicana a la Casa Blanca ha querido hacer de Guantánamo un tema de campaña.

El próximo noviembre Obama se juega su reelección en un país más dividido que nunca y donde la lucha por los derechos humanos ha quedado eclipsada por la crisis económica. El principal problema con que se encuentra ahora es la falta de mecanismos alternativos que le permitan cerrar Guantánamo sin enfurecer a los sectores más conservadores.

Algunos analistas opinan que con la muerte de Osama Bin Laden y la retirada de Irak, el presidente cuenta con la credibilidad suficiente para cumplir su promesa. Pero otros consideran que si toma esa decisión debe estar dispuesto a afrontar un fuerte desgaste político, algo poco aconsejable con un índice de aprobación que se encuentra por debajo del 50%. Otra opción es que el demócrata espere a que mejore la situación económica antes de embarcarse en una nueva guerra dialéctica en el Congreso, donde sus últimas iniciativas han naufragado sin remedio.

Emma Reverter, periodista y autora de dos libros sobre la prisión, afirma que de los 171 presos al menos 90 han sido ya eximidos de cualquier cargo y residen en un campo abierto, a la espera de su puesta en libertad. «El problema consiste en que ahora mismo USA. no posee dinero porque el Congreso ha bloqueado las partidas para transferir a distintos países a esos presos, pese al ofrecimiento de diversas naciones para acogerlos».

Tanto la Casa Blanca como los republicanos han evitado debatir el cierre del centro. Y mientras no haya plata, no habrá fiesta de cumpleaños, aunque esa fiesta implique la libertad.

Así y todo, Obama dice que mantendrá su promesa. Pero no la esperen para antes de las elecciones.

(Urgente24)

Deja una respuesta